Ciudad sin sueño. Ganadora Mejor película Doha Film Festival 2025.
Película española. Año 2025. Género: Drama.
Dirección: Guillermo Galoe.
Guión: Guillermo Galoe, Víctor Alonso-Berbel.
Fotografía: Rui Poças.
Reparto: Antonio Fernández, Bilal Sedraoui, Jesús Fernández, Déborah Vargas.
Ciudad sin sueño es una película que se desarrolla en la Cañada Real Galiana de Madrid, un asentamiento irregular de viviendas autoconstruidas, situado en la periferia de la gran ciudad donde conviven, desde hace varias décadas, familias de diferente origen nacional, étnico y cultural. Donde se desarrollan actividades ilegales en algunos sectores de su extensa geografía, mientras, en otros, sus habitantes luchan por alcanzar una vida digna, máxime desde cuando, hace ya cinco años largos, las compañías distribuidoras cortaron allí el suministro eléctrico.
La población de La Cañada está compuesta por unas 6.000 personas, de las cuales unas 2.000 son niños y niñas. Existe un activo movimiento vecinal que, contando con el apoyo de personas y organizaciones de la sociedad civil, persigue, y consigue, la escolarización de esos niños y niñas, entre otras cosas.
La Cañada es el contexto donde se desarrolla la película que es objeto de nuestro comentario en este Boletín del GSIA. La Cañada es el contexto, pero no el texto de la película. Su texto, su relato, es el de un momento clave en la vida de dos chicos, pertenecientes a dos de las comunidades presentes en el barrio, una magrebí y otra gitana. Como consecuencia de las decisiones tomadas por sus respectivas familias, los dos chicos, que son amigos de juegos y confidencias, están a punto de separarse y comenzar caminos y formas de vida distintos. Mientras Bilal, el niño magrebí, marchará con su familia a Marsella, Toni, el niño gitano, pasará a residir en un piso de un edificio de viviendas protegidas, situado en la misma ciudad.
Pero si bien este es el texto, la película tiene un subtexto que da sentido a todo el conjunto: se trata del vínculo, de los vínculos, de las relaciones de cada protagonista con la tierra que habitan, con la luminosidad, los colores, el paisaje, las plantas o los residuos de una sociedad opulenta que les rodean. De su vinculación con los mandatos seculares de su propio grupo de pertenencia familiar, que señalan la existencia de una jerarquía indubitadamente adultocéntrica. De los vínculos con los animales, los que los chicos observan, los que capturan y los que cuidan, que, aún así no son, en ningún caso, “suyos” *. Del vínculo de amistad entre los dos chicos que inician, separados, nuevas vías de descubrimiento que empezarán a relatarse y compartir a través de ese artificio tan denostado por las personas adultas que es el teléfono móvil.
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* “Un mendigo puede disponer de su limosna a voluntad. El niño no tiene nada propio y debe dar cuenta de cada objeto recibido libremente para su propio uso”. (Janusz Korczak, 1929)