Cath Larkins considera que la falta de escucha no es sólo una cuestión generacional, sino también de relaciones de poder en toda la sociedad .
«Si empezamos a escuchar a las niñas y los niños, crearemos personas 
que demandarán ser escuchadas»

Cath Larkins |
Foto: Tere Ormazabal. UPV/EHU
La catedrática Cath Larkins (University of Central Lancashire, Reino
Unido) ha participado en el I Congreso Internacional de Infancia, Adolescencia y Juventud y es pionera en la investigación participativa con niñas, niños y
jóvenes, y está centrada en la lucha contra la discriminación y el apoyo
a los derechos de la infancia
.
 
Reconocida internacionalmente en el
campo de las teorías y prácticas de la ciudadanía y la participación
infantil, Larkins ha sido invitada al I Congreso Internacional de Infancia, Adolescencia y Juventud,
que se celebró el 19 y 20 de enero, en Bilbao. 
Compartiendo el
aprendizaje de los niños y las estrategias de los profesionales que
permiten a los niños y jóvenes desfavorecidos participar en la toma de
decisiones públicas, su trabajo ha logrado influir en la política y la
práctica internacionales. 
Esta investigadora es codirectora del Centro
para la Participación de Niños y Jóvenes de la UCLan
, un centro de
investigación, enseñanza y creación de redes dedicado a la
participación, la inclusión y el empoderamiento de niños y jóvenes,
centrado en lograr los cambios que ellos desean creando vínculos entre
niños y jóvenes, académicos, responsables políticos y profesionales. 
 Entre los numerosos trabajos publicados por Larkins, cabe destacar el
Manual del Consejo de Europa sobre la participación de la infancia y una
reciente contribución al libro «Children’s Experience, Participation,
and Rights During COVID-19
«.

Entrevista publicada en CAMPUSA, Noticias de la Universidad del País Vasco.

En su trayectoria profesional ha dejado claro que hay que dar más voz a las y los menores. ¿Por qué no se les escucha?

En la sociedad sigue existiendo la idea de que no son iguales que las
personas adultas. No se les reconoce el mismo valor moral, pero ambos,
menores y adultos, tienen el mismo valor. Las personas adultas tienen
que renunciar a parte de su poder y de su tiempo. Tienen que estar
dispuestos no sólo a escuchar, sino a escuchar y a tomarse las cosas en
serio y a compartir su acceso al poder para que los niños también puedan
tenerlo. Hablamos de relaciones generacionales al igual que existen
relaciones de clase y relaciones de género. Existe esa misma desigualdad
sistemática en nuestros sistemas en los que los adultos dirigen lo que
los niños hacen casi cada segundo de su vida.

«Las personas adultas deben renunciar a parte de su poder, Estar
dispuestas a escuchar, (…) y a compartir su acceso al poder para que los
menores también puedan tenerlo»

Si empezamos a escuchar a menores y jóvenes ahora, crearemos personas
adultas que también esperarán que se les escuche. Y hay muchos adultos a
quienes tampoco se les escucha. Debemos dar poder también a la sociedad
adulta en general. No es sólo una cuestión generacional, es una
cuestión de relaciones de poder en toda la sociedad. Y la gente no
siempre reconoce que es un derecho. Poco a poco la sociedad está
interiorizando que está bien escuchar.

En este congreso se debate sobre la inclusión, la
participación, la autonomía, el buen trato y el bienestar infantil y
juvenil en el escenario post-pandémico. ¿Qué ha cambiado a raíz de la
pandemia?

Las investigaciones que he realizado han demostrado que, en toda
Europa y probablemente también fuera de Europa, las desigualdades que ya
existían entre los distintos grupos de niños se han acentuado: quienes
tenían una situación económica difícil en casa lo tienen más difícil. En
algunas comunidades, la discriminación que ya existía se ha acentuado
durante la pandemia, ya que algunas personas han sido condenadas al
ostracismo. Una de las cosas más importantes que hemos aprendido es que
los niños están preocupados por sus familias y por la prosperidad
económica para el futuro y para sus comunidades, y que hay un aumento de
los problemas de salud mental debido a que parte de la socialización
que se produjo entre los niños y esas relaciones no se construyeron cara
a cara, en particular para los más pequeños.

¿A qué nivel deben participar menores y jóvenes en las decisiones sociales?

A todos los niveles. Casi todos los países del mundo han asumido la
idea de que deben participar. Y a nivel local, incluso aquí en el País
Vasco, los gobiernos municipales están suscritos a esa idea. En las
familias, en las escuelas, en los hospitales, en los servicios sociales,
en la toma de decisiones municipales, nacionales, europeas… Y también
tienen cosas que decir cuando hablamos del futuro del planeta. Tienen
mejores ideas que yo y viven en este mundo ahora, deberían influir en lo
que ocurre ahora. No tienen voto, se les ha excluido de las formas
establecidas para que la ciudadanía exprese su opinión sobre las
decisiones públicas, así que también deberían incluirse en la toma de
decisiones.

«Una de las grandes críticas es que, si se da poder a los menores,
creerán que pueden decidirlo todo, cuando no quieren eso: quieren
igualdad»

¿Cómo sería el mundo si se les permitiera incidir en él?

Creo que los menores, sobre todo los más pequeños, tienen una visión
prosocial del mundo. La idea de que son egoístas, de que viven aislados,
es errónea. Los niños aprenden a encajar en la sociedad a medida que
pasan por el sistema educativo, y quién sabe cuáles son sus instintos
naturales. Son generosos, dan que pensar, saben lo que es vivir
realidades que, como adultos, no conocemos. Sus consejos pueden
ayudarnos a crear un mundo más comprensivo, más solidario y, con suerte,
en el que todavía exista un planeta.

¿Y cómo se integra esta participación en el funcionamiento de todo un sistema?

El sistema tiene que cambiar. Una forma de cambiarlo podría ser
rebajar la edad de voto y algunos niños lo piden. En algunos países, ya
pueden votar a partir de los 16 años. Algunos menores con los que he
trabajado dicen que la edad para poder votar debería bajar hasta los
once años, que es cuando empiezan a demostrar que tienen interés por
ello y son competentes. Pero, más que eso, las personas que tienen el
poder deben estar dispuestas a escuchar, tanto si las opiniones de los
niños se expresan mediante el voto como si es a través de otros
mecanismos. Así pues, el sistema tiene que cambiar las actitudes de los
adultos y la creación de mecanismos mediante los que los niños puedan
aportar sus ideas, y a través de los cuales gobiernos, organismos
públicos, corporaciones y servicios puedan informar a los niños de la
toma de decisiones. Una de las grandes críticas suele ser que, si se da
poder a los niños, creerán que pueden decidirlo todo. Ellos no quieren
eso; quieren igualdad.

Los niños entienden muy bien si les dices: “Hemos hecho este cambio,
porque tú nos diste esta idea; pero no podemos llevarlo a cabo porque no
tenemos dinero, o lo pondremos en marcha dentro de dos años”. Para mí,
el mayor cambio será que niños y adultos estén juntos en espacios de
diálogo y cooperación, donde tomen decisiones juntos, donde sus ideas
tengan el mismo peso. Y eso repercute en cómo se gastan los recursos y
en cómo se cuida a los demás.

¿Qué experiencias están desarrollando en el Reino Unido que
consideraría como buenas prácticas? ¿O conoce algunas otras que pueda
ser interesante transferir a otros contextos?

Hay diferentes iniciativas; por ejemplo, hay jóvenes que están
creando redes para establecer relaciones nacionales e internacionales
con otros jóvenes que se preocupan por los mismos temas. Todo lo que
podamos hacer como adultos para apoyar esa conversación directa entre
niños de distintos lugares preocupados por el mismo tema les ayuda a
construir movimientos sociales. Y a través de los movimientos sociales
podemos lograr cambios a un nivel realmente grande.

En otro de los proyectos de Inglaterra, las niñas y niños que reciben
cuidados alternativos se escuchan unos a otros. Y el Gobierno o las
agencias gubernamentales escuchan sus propuestas y crean directrices
para los profesionales. En las Naciones Unidas también han creado un día
internacional de diálogo sobre el tema. Se trata de crear ese vínculo
entre los niños que viven su vida cotidiana y los gobiernos que
realmente escuchan y actúan.

Existe otro proyecto en las organizaciones romaníes y gitanas que
establecen esas relaciones con los niños en sus comunidades, donde
tienen a alguien con quien se sienten seguros para hablar, alguien con
quien tienen una relación a largo plazo. Y en esas relaciones pueden
acceder a nuevas experiencias y reflexionar sobre qué es lo que les
falta en materia de salud o educación y cómo pueden producir cambios.

«El mayor cambio será que niños y adultos estén juntos en espacios de
diálogo y cooperación, tomen decisiones juntos y sus ideas tengan el
mismo peso»

¿Cree que este congreso puede contribuir a lograr una sociedad más justa?

Sí, pero conseguir una sociedad más justa es un largo camino. Este
congreso está ayudando a crear vínculos entre personas de diferentes
lugares y un entendimiento compartido para que no repitamos los mismos
errores, sino las mismas buenas prácticas; para que nos basemos en lo
que los niños nos han dicho que es importante. Porque una sociedad más
justa tiene que lograrse mirando hacia fuera y hacia dentro, hacia tu
hogar, familia, comunidad, y tiene que ser construida por quienes son
movimiento social. Y esto, creo, pasa por construir esas conexiones en
torno a los movimientos sociales por los derechos de los menores y por
una sociedad en la que el bienestar y el buen trato a los niños sea una
prioridad.

Es un verdadero placer estar aquí. Esta es una gran iniciativa que
pone el foco en la participación, la autonomía, el buen trato y el
bienestar en este momento. Es uno de esos momentos cruciales de la
historia. Hay compromisos internacionales en este sentido, y llegan
fondos para ayudar a promover algo llamado la Garantía Infantil. Desde
la Unión Europea se espera que haya más igualdad. Para nosotras y
nosotros es un reto responder a esas oportunidades en colaboración con
los niños, , tanto a nivel nacional como local

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