Los dos niños protagonistas de 'Close'
El belga Lukas Dhont acarició la Palma de Oro con solo 31 años y su segunda película, un hermoso y doloroso filme sobre la amistad infantil y el peso del patriarcado desde la niñez
Javier Zurro
Diario.es/Cultura

“No llores”, “No seas una chica”, “Mariquita el último”… Todas esas frases se dicen a los niños como forma de juego. El patio del colegio se convierte en el caldo de cultivo
donde se crea una masculinidad tóxica que luego provoca comportamientos
machistas como adultos. Cuando un niño se sale de lo que la norma dice
que debe ser un chico se le señala, se le llama gay. Los niños no se
abrazan, ni se besan, ni se tocan. Si lo hacen se les mira mal. Se les
enseña a pegarse, a luchar, a competir. Nunca a expresar lo que sienten.
Muchos no soportan la presión, el bullying, el sentirse un bicho raro.


De todo ello habla Close —que ha llegado este fin de
semana a los cines—, el demoledor filme de Lukas Dhont, que con solo dos
películas se ha convertido en uno de los directores más interesantes
del panorama del cine de autor actual. Con ambas películas ha hablado de
la identidad. En la primera, Girl, de la identidad de una
joven trans que sufría la presión del cuerpo al querer ser bailarina. Lo
hacía colocando el foco donde normalmente no se hace. Su protagonista
tenía el apoyo de sus padres, estaba en plena transición, y sin embargo
seguía teniendo mil problemas. En Close habla de machismo, pero
lo hace centrándose en la amistad de dos niños de 13 años. Una amistad
hermosa, entrañable y conmovedora. Dos niños que se besan y abrazan,
pero que cuando llegan al instituto son señalados como gays. Uno
cambiará su actitud hacia el otro provocando una reacción en cadena.

Dhont conmueve hasta lo más profundo, y la muestra de que Close funciona es su segundo premio en el pasado Festival de Cannes, donde muchos daban por hecho que ganaría una Palma de Oro que acabó yendo a Ruben Ostlund por Triangle of Sadness.
Han pasado cuatro años entre una obra y otra. Ambas muestran una
madurez impropia para alguien tan joven, pero Dhont confiesa que el
proceso entre una película y otra no fue fácil. Mostrar su ópera prima
“fue una experiencia increíblemente abrumadora, un viaje que duró un año
y medio”. Al volver a casa se encontraba con la temida página en
blanco…


Close no pone etiquetas a la relación entre ambos
niños. No se menciona su sexualidad ni si les gustan los chicos, las
chicas, ninguno o ambos. Ellos no etiquetan lo que sienten, ni todavía
tienen esas inquietudes, algo que Dhont siempre tuvo claro. “Para mí,
uno de los grandes temas de la película es la masculinidad, y creo que
cuando se trata de una amistad entre hombres o entre jóvenes es raro que
veamos una fisicalidad o una intimidad sin que el mundo intente
inmediatamente ponerla una etiqueta de que es algo más que eso. Tenía
este deseo de mostrar una historia de amor en el sentido más amplio de
las palabras en un momento entre la niñez y la adolescencia y donde la
noción de sexualidad está empezando a entrar en sus vidas, pero no está
del todo presente. Cuando busqué otros ejemplos, descubrí que era
difícil encontrar historias sobre esta intimidad entre niños y hombres. Y
creo que es algo realmente importante de lo que hay que hablar”.

La relación entre ambos niños se irá resquebrajando cuando en el
colegio entren en juego conceptos como el qué dirán y lo que se supone
que debe hacer un chico. Ejemplos de “una sociedad construida sobre
conceptos de cómo deben comportarse ciertas personas”. “Se nos suele
mostrar a los niños practicando deportes y no a niños haciendo cualquier
otra cosa que no sea eso. Leí una investigación de una psicóloga
estadounidense que entrevistó a cien niños y les hizo las mismas
preguntas a los 13, 15 y 18, años. A los 13 años, estos chicos hablaban
de sus amistades y de sus mundos internos, y lo hacían con mucho amor y
una increíble dosis de intimidad. Pero de repente, a los 15, 17 y 18
años, vio que estos mismos niños usaban un lenguaje diferente y no
estaban tan abiertos para hablar sobre su conexión con los demás. Vio
que existía esta performance de masculinidad cada vez más y más
presente en la forma que tenían de comunicarse. Creo que se trata de lo
que estamos acostumbrados, y se trata de lo que nos dicen que es
normal”, añade el director.

En un momento de la película, uno de los chavales protagonistas
dice una frase que desarma: “Puedo llorar cuando estoy enfadado, pero no
puedo llorar porque estoy triste”; una sentencia que resume bien el
corazón del filme. “Estamos acostumbrados a ver imágenes de hombres
peleándose o estando enfadados y no a verles llorando o expresando sus
emociones. Por eso quería mostrarlo en mi película, para cambiar el
imaginario existente y para que, con suerte, esas imágenes se
multipliquen a partir de ahora. Hablamos con muchos muchachos durante la
película y veíamos que eso estaba todavía muy presente en sus vidas”.

Esa masculinidad la muestra en la violencia de un deporte como
el hockey, donde los niños sufren golpes y contusiones como parte del
juego. Le interesaba lo físico de esta práctica, pero también el traje
que se usan que parece una jaula que les atrapa en un filme con el que
buscaba encontrar un “equilibrio entre la fragilidad y la brutalidad”.
“La fragilidad fue algo que encontré en esos campos de flores donde
trabaja la familia del protagonista, y creo que la brutalidad es algo
que encontré en el escenario del deporte, del hockey sobre hielo, que
puede ser un entorno increíblemente brutal y violento”.

Lukas Dhont no tiene claro si las masculinidades están
cambiando, pero tiene claro que la meta es “mostrar esas diferentes
masculinidades y otras opciones, porque solo así se harán visibles”.
“Tenemos demasiadas imágenes de lo contrario, de políticos gritando, de
hombres violando mujeres, iniciando guerras, se trata de ofrecer el
máximo contrapeso a todo eso, y no es una tarea fácil”

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