Antecedentes
En los 6 meses posteriores a nuestras estimaciones, del 1 de marzo de 2020 al 30 de abril de 2021, la proliferación de nuevas variantes del coronavirus, los datos de mortalidad actualizados y las disparidades en el acceso a las vacunas aumentaron la cantidad de niños que experimentaron la orfandad asociada a la COVID-19. Para informar las respuestas, nuestro objetivo fue modelar los aumentos en el número de niños afectados por la orfandad asociada con COVID-19 y la muerte del cuidador, así como la distribución acumulada del grupo de edad de la orfandad y las circunstancias (orfandad materna o paterna).
Usamos datos actualizados de exceso de mortalidad y fertilidad para modelar aumentos en las estimaciones mínimas de orfandad y muertes de cuidadores asociadas con COVID-19 de nuestro período de estudio original del 1 de marzo de 2020 al 30 de abril de 2021, para incluir el nuevo período del 1 de mayo al 30 de octubre. 31, 2021, para 21 países. La orfandad se definió como la muerte de uno o ambos padres; la pérdida del cuidador principal incluía la muerte de los padres o la muerte de uno o ambos abuelos con custodia; y la pérdida del cuidador secundario incluyó a los abuelos o parientes co-residentes. Utilizamos la regresión logística y además incorporamos un efecto fijo para los países de Europa occidental en nuestro modelo anterior para evitar predecir en exceso la pérdida de cuidadores en esa región. Para todo el período de 20 meses, agrupamos a los niños por edad (0 a 4 años, 5 a 9 años y 10 a 17 años) y orfandad materna o paterna, utilizando contribuciones de fertilidad, y modelamos extrapolaciones globales y regionales de números de huérfanos. Se proporcionan intervalos de credibilidad del 95 % (CrI) para todas las estimaciones.
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Se estima que el número de niños afectados por la orfandad asociada a COVID-19 y la muerte del cuidador aumentó en un 90,0 % (95 % CrI 89,7–90,4) del 30 de abril al 31 de octubre de 2021, de 2 737 300 (95% CrI 1 976 100–2 987 000) a 5 200 300 (3 619 400–5 731 400). Entre el 1 de marzo de 2020 y el 31 de octubre de 2021, 491 300 (95 % CrI 485 100–497 900) niños de 0 a 4 años, 736 800 (726 900–746 500) niños de 5 a 9 años y 2 146 Se estima que 700 (2 120 900–2 174 200) niños de 10 a 17 años han experimentado la orfandad asociada a COVID-19. A nivel mundial, el 76,5 % (95 % CrI 76,3–76,7) de los niños eran huérfanos de padre, mientras que el 23,5 % (23,3–23,7) eran huérfanos de madre. En cada grupo de edad y región, la prevalencia de la orfandad paterna superó a la de la orfandad materna.
Nuestros hallazgos muestran que la cantidad de niños afectados por la orfandad asociada con COVID-19 y la muerte del cuidador casi se duplicó en 6 meses en comparación con la cantidad después de los primeros 14 meses de la pandemia. Durante todo el período de 20 meses, 5,0 millones de muertes por COVID-19 significaron que 5,2 millones de niños perdieron a un padre o cuidador. Nuestros datos sobre las edades y las circunstancias de los niños deberían respaldar la planificación de la respuesta a una pandemia para los niños en todo el mundo.
Investigación e Innovación del Reino Unido (Fondo de Investigación de Desafíos Globales, Consejo de Investigación de Ingeniería y Ciencias Físicas y Consejo de Investigación Médica), Fundación Oak, Instituto Nacional de Investigación en Salud del Reino Unido, Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. e Imperial College London….
Extracto y Comentario del Diario.es
Por cada persona muerta con COVID-19 en el mundo, un niño ha
quedado huérfano o ha perdido a una de las personas que le cuidaba. Tras
veinte meses de pandemia, al menos 5,2 millones de menores de 18 años
perdieron a su padre, a su madre o a uno de sus cuidadores tras
infectarse de coronavirus. Esta es la cifra que aporta un artículo
publicado en The Lancet
sobre la salud de los niños y adolescentes, tras actualizar los datos
de mortalidad de 20 países, entre los que se incluye a EEUU, India,
España o Perú.
La investigación, que solo tiene en cuenta datos hasta el 31 de
octubre de 2021 –por lo que quedaría fuera la gran ola de contagios y
muertes provocada por ómicron– indica que dos de cada tres niños
huérfanos por culpa de la COVID-19 son adolescentes de entre 10 y 17
años, y que en tres de cada cuatro casos fueron sus padres y no sus
madres quienes fallecieron.
Desde marzo de 2020 hasta octubre de 2021, más de 3,3 millones
de niños perdieron a su padre o a su madre y unos 1,8 se vieron
afectados por la muerte de un abuelo o de un cuidador adulto que vivía
en su casa.
El estudio alerta de que, de manera general, los niños que
experimentan la pérdida de una de las personas que le cuidan «tienen
mayor riesgo» de sufrir pobreza, explotación, violencia o abuso sexual,
infección por VIH o problemas de salud mental y, en determinados
contextos, «mayor vulnerabilidad a la participación en bandas». Por todo
ello, los autores del estudio piden que los esfuerzos dedicados
responder a la pandemia incluyan programas para niños huérfanos, tanto
en lo económico como en los cuidados.
«Estar solo con niños supone estar desbordado, hiperexigido a la
hora de realizar el aporte económico, la gestión del domicilio y la
parte educativa», indica el director de Domínguez Psicólogos, Abel
Domínguez, sobre lo que sucede cuando muere una de las personas
encargadas del cuidado. «Una persona sobreexigida puede caer en el
cansancio y, cuando esto pasa, cuesta más poner límites o entrar en una
discusión. Esto puede provocar que se dejen de hacer labores de
limitación de conductas adaptativas, por un lado. En cuanto a la
violencia o a la probabilidad de entrar en bandas, se trataría de otro
tipo de carencias afectivas», añade sobre los factores de riesgo a los
que puede llevar la situación de orfandad.
Domínguez no distinguiría entre el impacto que supone la pérdida
de una madre o un padre por la COVID-19 o por otras circunstancias. Sin
embargo, el psicólogo sí que reconoce que un impacto emocional directo
en las muertes que se dieron en la parte más dura de la pandemia, en los
meses de confinamiento domiciliario, cuando los fallecimientos podían
ser repentinos o sin despedidas. «Los niños de más de tres años, que sí
que se acuerdan de sus papás y sus mamás, sí que van a notar mucho el
cambio. Van a acordarse de que no se despidieron», apunta.
Prevención, red familiar y lucha contra la pobreza
«Calculamos que por cada persona que ha muerto como consecuencia
de la pandemia, un niño ha quedado huérfano o ha perdido a su cuidador.
Esto equivale a que, cada seis segundos, un niño se enfrenta a un mayor
riesgo de adversidad a lo largo de su vida si no recibe el apoyo
adecuado a tiempo», asegura una de las autoras del informe, la doctora
Susan Hillis, miembro del equipo de respuesta contra la COVID-19 de los
Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU (CDC,
por sus siglas en inglés). Según Hillis, la respuesta debe centrarse en
la prevención de la muerte de los cuidadores, en preparar a las familias
para que se puedan hacer cargo de estos niños (otros miembros de la
familia o en términos de acogida y adopción) y en la protección de los
niños luchando contra la pobreza y la violencia.
El estudio indica que, antes de la pandemia, había unos 140
millones de niños huérfanos en todo el mundo. «Tuvieron que pasar 10
años para que 5 millones de niños quedaran huérfanos a causa del sida,
mientras que el mismo número de niños ha quedado huérfano por la
COVID-19», dice otra de las autoras, Lorraine Sherr, que pide «actuar
con rapidez» para saber quién hay detrás de todas estas cifras y dar así
apoyo.
«Las redes familiares van a ser fundamentales», dice el
psicólogo consultado, que añade que una red de apoyo es fundamental y «a
todos conviene tener una red o tribu» en el día a día, pero también en
los momentos complicados. El apoyo económico por parte del Estado en
forma de pensiones de orfandad, beneficios fiscales y supervisión
psicológica adecuada deberían formar parte de la respuesta.
Otra de las autoras del estudio, la investigadora Juliette Unwin
del Imperial College de Londres, considera que seguramente estas cifras
estén muy por debajo de las reales. «La OMS estima que los datos
precisos sobre las muertes por COVID-19 en África son limitados, y es
probable que las estimaciones reales sean 10 veces superiores a las que
se comunican actualmente».
Grandes diferencias entre países
Estos datos de orfandad varían en gran medida entre unos países y
otros. Asia, América Latina y EEUU se llevan la peor parte según los
datos de este informe, aunque los propios autores del informe reconocen
que los datos para el continente africano están subestimados. En países
como Perú, donde la COVID-19 se cebó con virulencia también con personas
más jóvenes y en edad fértil, estiman más de 80.000 niños huérfanos,
mientras que en países como España e Italia la cifra es mucho menor:
2.800 y 3.800, respectivamente.
El caso de India es incomparable por su cantidad de población.
El estudio calcula que casi dos millones de niños indios han perdido a
su madre o a su padre por la pandemia. En EEUU, por ejemplo, esta cifra
asciende a 149.300.
El epidemiólogo Mario Fontán considera que ahora les toca a los
países dimensionar y matizar el problema porque los impactos sobre los
niños que se quedan sin tutores no será el mismo en cada territorio.
«Este estudio hace una estimación global y ahora cada país tendrá que
dimensionarlo. El impacto también será diferente dependiendo de la clase
social a la que pertenece el niños y dependiendo de si quien muere es
la madre o el padre. Tampoco será lo mismo para un niño migrante que no
cuenta con red de apoyo», diferencia.
Según Fontán, la falta de datos oficiales en África supondrá un
obstáculo a la hora de calibrar el problema real del continente. «En los
lugares en los que falten infraestructuras sanitarias y haya
dificultades de gestión de datos no se podrá dimensionar todo esto. La
falta de estos análisis podrá hacer pensar que, si no existen, es que no
hay ningún problema y de esto podría depender que se reciban o no
recursos futuros», argumenta. Finalmente, el investigador piensa que
estudios como este son necesarios para dejar de hablar en abstracto
sobre la pandemia y poner el foco en realidades que generen debate.
Como parte del estudio, los investigadores han elaborado una calculadora a tiempo real
que realiza estimaciones actualizada del número de casos de orfandad en
todos los países del mundo. Para el caso español, la calculadora estima
que 3.100 niños han quedado huérfanos por la muerte de uno de ambos
progenitores; que 3.600 han perdido a uno de sus progenitores o a un
cuidador; y que 7.700 han perdido a uno o ambos progenitores, a un
abuelo que tenía su custodia o a uno de sus abuelos convivientes.
Los autores del estudio reconocen que la existencia de «algunas
limitaciones» porque sus estimaciones se basan en modelos estadísticos y
no en datos reales de niños afectados. Entre otras cosas, señalan que
muchos países con cuentan con sistemas sólidos de notificación de
muertes o fecundidad. El estudio se basa en un modelo estadístico que
combina datos de fertilidad, exceso de mortalidad por la COVID-19, así
como datos de Naciones Unidas sobre la composición de los hogares con
adultos que conviven con menores de 18 años para establecer sus
cálculos.
«Nuestros resultados sugieren la necesidad urgente de que las
respuestas a la pandemia prioricen a los niños afectados por la muerte
de sus padres o cuidadores», puede leerse hacia el final de artículo.
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