Un estudio sobre la calidad del aire muestra que el movimiento popular detrás de este impulso, School Streets, ha supuesto una reducción del 23% de los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) en las zonas donde se encuentran las escuelas y sus alrededores.
Aquí ya van 96 colegios.

PRÓXIMA REVUELTA, aquí,
Viernes 23 de abril,
16:30 h, Duración: 30 minutos.

El canto alegre de las voces infantiles ya prevalece sobre el
ruido de los motores de los coches a las puertas de cientos de escuelas
londinenses. Esto ha sido posible gracias a iniciativas populares que
defienden los beneficios de ir a la escuela andando o en bici. En
Londres se comenzaron a implantar medidas para reducir el número de
vehículos en el entorno de las escuelas en 2017, en gran medida gracias a
la iniciativa popular School Streets.
Los tres pilares en los que basa su propuesta son mejorar la calidad
del aire, aumentar la seguridad de los menores en las calles e
incentivar la movilidad sostenible para que los niños vayan andando o en
bicicleta a la escuela. 


El proceso para cortar el tráfico en las calles en las que hay
colegios en horario de entrada y salida es un esfuerzo colectivo que
requiere el visto bueno de las autoridades de los correspondientes
distritos londinenses, así como de los equipos directivos de cada
colegio. En jornadas lectivas se colocan señales amarillas a ambos lados
de la calzada para informar a los conductores de las horas del día en
que se corta el tráfico, y normalmente los trabajadores del colegio son
los que manejan las barreras temporales para cerrar el paso. A veces no
son necesarias, pues las cámaras ANPR (lectoras de matrículas) cumplen
esa labor, una medida más cara. Asimismo, en algunos colegios grupos de
padres voluntarios también prestan su ayuda.


Los resultados de un estudio
sobre la calidad del aire publicado en marzo muestran que School
Streets ha supuesto un descenso del 23% de los niveles de dióxido de
nitrógeno (NO2). El estudio, publicado por la autoridad del transporte
de la capital, Transport for London, y financiado por la Fundación FIA y
Bloomberg Philanthropies, analiza 18 escuelas de primaria, donde se
instalaron 30 sensores de la red Breathe London
para registrar los niveles de NO2 presentes en las zonas donde se
encuentran las escuelas y sus alrededores. La investigación buscaba
construir una radiografía precisa de cómo la implantación del programa
School Streets está cambiando las rutinas de movilidad y a su vez
mejorando la calidad del aire.


Antes de que comenzase la pandemia había aproximadamente 131
escuelas que cortaban el tráfico en sus alrededores durante el horario
de entrada y de salida de alumnos en Inglaterra, Gales y Escocia. Sin
embargo, tras obtener el respaldo de Transport for London, la cifra de
School Streets ha aumentado exponencialmente en Londres, donde ya hay
más de 450 escuelas que cortan el tráfico durante las horas clave de
entrada y salida de los alumnos. Este impulso llegó con los recursos de
emergencia para la movilidad sostenible enmarcados en la iniciativa Streetspace for London,
cuyos objetivos incluyen facilitar el distanciamiento social y evitar
que aumente el uso del coche durante la actual crisis sanitaria.


«School Streets es importante porque reduce los viajes en coche a
la escuela. En Londres, eso supone un 25% de todo el tráfico (en
horario matutino y de lunes a viernes el viaje a la escuela añade
254.000 coches en las calles) y cuando hay vacaciones escolares por
ejemplo se nota mucho. Es vital diseñar nuestros espacios urbanos para
las personas y no para los coches», dice Sylvia Gauthereau, activista de
este colectivo.


Otras medidas recientes que han adoptado desde el ayuntamiento de la ciudad incluyen el Pollution Helpdesk,
un servicio virtual de consulta gratuita para ayudar a las escuelas a
luchar contra la contaminación del aire; la ampliación de los carriles
bici de Londres, con 90 kilómetros rehabilitados y construidos en los
últimos meses; y el incremento de nuevas aceras en 22.500 metros
cuadrados.

Estadísticas
del Ministerio de Transporte (Department for Transport) revelan que el
14% de los niños que murieron en colisiones de tráfico en 2018 lo
hicieron durante la hora de entrada al colegio (de 7 a 9 de la mañana) y
el 23% en el horario de salida (de 3 a 5 de la tarde). «Los niños solo
son conscientes del peligro del tráfico a partir de los 9 o 10 años,
hasta entonces son impredecibles. Por eso, lo mejor es eliminar ese
peligro», concluye Sylvia.


Para Saul Billingsley, director ejecutivo de la Fundación FIA,
que promociona la seguridad vial, el medio ambiente y la movilidad
sostenible, «los retos para conseguir que los viajes al colegio sean
seguros son universales; los siniestros de tráfico son la principal
causa de muerte para niños mayores de cinco años a nivel global,
mientras que las emisiones de los vehículos contribuyen peligrosamente a
niveles altos de contaminación del aire. El tráfico motorizado supone
un factor en la muerte de medio millón de niños cada año».


El reto para muchos colegios situados en calles principales es
que no es posible cortar el tráfico en ellas. «En el colegio de mis
hijos, Deansfield Primary School, cierran al tráfico Glenesk Road desde
septiembre de 2020, cuando las autoridades aprobaron la medida. Nosotros
ya íbamos al colegio andando, pero creo que hay menos lío de coches
ahora», explica Nuria García-Alcaide, residente en el distrito de
Eltham, en el sur de Londres.


Como ejemplo de intervenciones que pueden llevarse a cabo en
esas escuelas situadas en calles principales en las que no se puede
cortar el tráfico, Saul, de la Fundación FIA,
menciona el Sistema Seguro (Safe System). «Esta estrategia combina el
diseño de calles y vehículos y los límites de velocidad, y se ha
demostrado que funciona en diferentes contextos en todo el mundo». Las
recomendaciones de la Fundación FIA también incluyen aceras en buen
estado y cruces protegidos en todas las calles, límites de velocidad de
30km/h donde los niños convivan con tráfico y la protección de los
carriles bici.


Restringir la presencia de vehículos motorizados no solo reduce
el peligro para los escolares, sino que ayuda a aumentar la movilidad
activa, lo que también contribuye a su salud. En Reino Unido el 9,9% de
los niños de 4 y 5 años y el 21% de los menores de 10 y 11 años sufren obesidad,
cifras que aumentan cada año. Caminar a la escuela o ir en bicicleta
contribuye a crear hábitos saludables y al ejercicio físico, vital en
una sociedad cada vez más sedentaria y más mermada por los problemas de
salud crónicos asociados a ese estilo de vida.

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