Se
considera matrimonio infantil todo matrimonio formal o unión informal
entre un niño menor de 18 años y un adulto u otro niño. En América
Latina y el Caribe, alrededor del 25% de las mujeres que hoy en día
tienen entre 20 y 24 años se casaron antes de los 18, y esta es la única
región en vías de desarrollo donde el matrimonio infantil no ha
disminuido en los últimos 25 años (UNICEF, 2018).
Erradicar los matrimonios infantiles es crucial en la lucha contra la
pobreza, ya que esta práctica conduce a un mayor riesgo de abandono
escolar y maternidad temprana (Field y Ambrus, 2008).
Esta práctica también tiene consecuencias intergeneracionales, ya que
los niños nacidos dentro de un matrimonio infantil tienen peores
resultados educativos y de salud (Sekhri y Debnath, 2014; Chari et al., 2017).
Aunque en la mayoría de países la edad mínima para contraer
matrimonio es de 18, la existencia de numerosas excepciones hace que el
matrimonio infantil sea legal en la práctica (Arthur et al., 2018).
Las excepciones más comunes son el consentimiento de los padres, el
embarazo, la autorización de los tribunales o la existencia de leyes
religiosas o consuetudinarias. Una posible política para reducir el
número de matrimonios infantiles es la eliminación de todas estas
excepciones. Varios países, entre los que se incluye Chad, Costa Rica,
Ecuador, Guatemala, Honduras, Malawi, Nepal, Panamá, Turkmenistán y
Zimbabue, han aumentado recientemente la edad mínima para contraer
matrimonio a los 18 años, eliminando todas las excepciones.
No obstante, el impacto de este tipo de leyes sobre la incidencia de
matrimonios infantiles no está claro. Si estas leyes se aplican de forma
adecuada, se debería de reducir o incluso erradicar los matrimonios
infantiles formales, reduciendo así la fecundidad temprana y el abandono
escolar. Sin embargo, la aplicación de estas leyes podría no ser
efectiva.
Si las uniones informales son una alternativa viable para los
menores de edad, la reducción en el número de matrimonios infantiles
formales podría verse compensada por un aumento en igual medida en las
uniones infantiles informales, no afectando a las tasas de matrimonio
infantiles.
Además, si los individuos en uniones informales no tienen
los mismos beneficios legales o reconocimiento social que aquellos que
están formalmente casados, esta sustitución entre matrimonios infantiles
y uniones informales podría tener efectos negativos sobre el bienestar
de las mujeres y sus descendientes.
Por otro lado, si las leyes que
prohíben el matrimonio infantil tienen una función expresiva (Bernabou y Tirole, 2011),
pueden llegar a modificar las normas sociales y reducir la incidencia
de matrimonios infantiles tanto formales como informales.
En un estudio reciente
analizamos el impacto de aumentar la edad mínima para contraer
matrimonio sobre la incidencia de matrimonios infantiles, el abandono
escolar y la maternidad temprana en México.
México es el séptimo país del mundo con mayor número de matrimonios
infantiles. Aproximadamente un cuarto de las mujeres mexicanas que en
2013 tenían entre 20 y 24 años se habían casado o habían tenido una
unión informal antes de cumplir los 18 años. Un tercio de estas uniones
eran matrimonios legales. Antes del 2014, el matrimonio infantil era
legal en las 32 entidades federativas mexicanas, aunque con algunas
restricciones. Los menores que tuviesen cierta edad (generalmente 14 o
16 años, dependiendo del estado) podían casarse legalmente con el
consentimiento de sus padres.
Las personas que fuesen aún menores o las
que no contasen con el consentimiento de los padres podían casarse con
la autorización de un juez o el alcalde municipal. Algunos estados
también permitían que las niñas menores de 14-16 años se casaran si
estaban embarazadas.
A finales de 2014, el Congreso Federal de México promulgó una ley
estableciendo los 18 años como la edad mínima para contraer matrimonio,
sin excepción. Como las leyes matrimoniales son competencia de los
estados, éstos debían incorporar este cambio en su legislación. La
adopción de esta reforma por los estados se realizó de forma gradual
(Figura 1). A final de 2015, solo 7 estados (de un total de 32) habían
adoptado la nueva legislación. Sin embargo, en diciembre de 2018, todos
los estados menos uno habían aumentado la edad mínima para contraer
matrimonio a los 18 años.

Figura 1: Evolución del número de entidades federativas que aumentaron la edad mínima del matrimonio.
Aprovechando la introducción escalonada de la reforma, estimamos el
impacto de prohibir el matrimonio infantil en las tasas de matrimonio
infantil (formales), las tasas de fecundidad infantil y la
escolarización de las niñas. En este análisis aprovechamos la variación
temporal y entre estados en la aplicación de la ley usando un modelo de
diferencias en diferencias.
Utilizando los microdatos del registro de matrimonios, encontramos
que prohibir el matrimonio infantil condujo a una reducción del 48% en
las tasas de matrimonio infantil formal. Esta reducción se concentra
entre los 16 y 17 años (Figura 2), los grupos de edad con la tasa más
alta de matrimonios infantiles antes del inicio de la prohibición.

Figura 2: Efectos de la prohibición
del matrimonio infantil sobre el número mensual de matrimonios
infantiles formales donde la novia tenía 16-17 años, por cada 1000 niñas
de esta edad.
Si bien uno podría esperar que la reducción en los matrimonios
infantiles formales se tradujera en un aumento en las tasas de
matriculación escolar, utilizando la Encuesta Nacional de Ocupación y
Empleo no encontramos ningún impacto de prohibir el matrimonio infantil
en la asistencia escolar. Tampoco encontramos, utilizando los microdatos
del registro de nacimientos, que la reforma tuviera un impacto sobre
la maternidad temprana. Por tanto, podemos concluir que el aumento de
la edad para el matrimonio no fue suficiente para eliminar dos de las
consecuencias negativas que normalmente se asocian con el matrimonio
infantil: el abandono escolar y la maternidad temprana.
Pero, ¿por qué no fueron efectivas estas leyes?
Una posible
explicación sería que la disminución de los matrimonios formales fue
compensada con un aumento en los uniones informales. Esto es difícil de
examinar empíricamente, ya que no existe un registro de uniones
informales, y las jóvenes tienen incentivos para no informar sobre el
matrimonio o la unión informal en las encuestas. Aprovechamos, pues, que
los microdatos de registro de nacimientos tienen información sobre el
estado civil de la madre en el momento del nacimiento. Es importante
destacar que, antes de la reforma, un 62% de las niñas en matrimonios
infantiles tenían su primer hijo antes de los 18 años, por lo que la
muestra de madres jóvenes representa a una gran parte de las niñas
afectadas por la reforma. Tal como queda reflejado en la Figura 3,
encontramos que la reforma implicó un cambio en el estado civil de las
madres jóvenes. La prohibición del matrimonio infantil redujo la
proporción de madres menores de 18 años que estaban casadas, y aumentó
en la misma medida la proporción de madres menores de 18 años que
estaban en una unión informal.

Figura 3: Efectos de la prohibición del matrimonio infantil sobre
el porcentaje de madres entre 16 y 17 años que están casadas (gráfico
de la izquierda) o en unión informal (gráfico de la derecha) al momento
de dar a luz.
Estos resultados sugieren que en lugares donde las uniones informales
son socialmente aceptables, elevar la edad mínima para el matrimonio
solo lleva a la sustitución entre matrimonios infantiles formales y
uniones informales. Esto lleva a que la reforma tenga un efecto nulo
sobre las tasas totales de matrimonio infantil y, en consecuencia, en
las decisiones de escolarización y fecundidad. Una alternativa para
reducir la incidencia de matrimonios infantiles sería proporcionar a las
jóvenes oportunidades económicas o incentivos directos para retrasar el
matrimonio. Este tipo de políticas han sido implementadas en Malawi (Baird et al., 2011), India (Jensen, 2012), Bangladesh (Buchmann et al., 2018) y Uganda (Bandiera et al., 2020)
y se ha mostrado que pueden ser efectivas en la reducción de las tasas
de matrimonio infantil. Futuras investigaciones deberían corroborar si
estos resultados se pueden generalizar para América Latina, donde las
causas de matrimonio infantil podrían diferir.