Entrevista a Cesar Rendueles*,
el
filósofo y profesor universitario analiza las claves infantiles de su confinamiento por el coronavirus.
filósofo y profesor universitario analiza las claves infantiles de su confinamiento por el coronavirus.
¿El Estado ha ignorado a los niños más que a los
perros,
perros,
salvo para hacer deberes y comer pizzas?
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| Niños jugando al fútbol dentro de un edificio en Barcelona (EFE) |
¿Sabían que hay 7 millones de menores de 15 años en España?.
¿Y que ahora mismo están todos encerrados en sus casas sin poder salir y
con un montón de deberes?.
No, no es que el Estado les haya castigado a
todos por mal comportamiento.
O sí. Son la población invisible del confinamiento por coronavirus.
PREGUNTA.
Critica que los estamentos oficiales no han tenido en cuenta las
necesidades de los niños en esta crisis. ¿Deberían poder salir?
RESPUESTA.
Me gustaría comenzar aclarando que en ningún caso deberíamos incumplir
las instrucciones que han dado las autoridades sanitarias. Nadie que no
cumpla las excepciones establecidas por la ley debería salir de casa.
Dicho esto, sí creo que podemos plantear preguntas sobre algunas
decisiones, sobre todo cuando afectan al bienestar de colectivos vulnerables. En concreto creo que es llamativo el enfoque tan adultocéntrico que
está teniendo esta crisis. En ningún momento se ha tenido en cuenta las
necesidades de la infancia, una población que normalmente es objeto de
una especial protección.
La primera ministra noruega dedicó una rueda de prensa de media hora exclusivamente a los niños.
En la comparecencia de Pedro Sánchez de la semana pasada mencionó
varias veces a las mascotas y sus necesidades y ninguna a los niños.
Desde el primer momento se autorizó a los dueños de perros a sacar a
pasear a sus animales. Lo cual me parece muy bien, por supuesto. Pero lo
cierto es que los dueños de los perros también contagian y estamos
hablando de muchísima gente. En España hay 13 millones de mascotas
registradas, más que niños menores de 15 años. Simplemente se confía en
que esas personas actuarán con responsabilidad y no abusarán de ese
privilegio.
Es llamativo el enfoque tan adultocéntrico que está teniendo esta crisis. En
el caso de las madres y padres de niños no se ha tenido esa confianza.
No se ha permitido, por ejemplo, que los niños salgan a pasear
diariamente unos minutos con todas las medidas de seguridad que sean
necesarias: de uno en uno, acompañados de cerca por un adulto, en cierta
franja horaria, respetando la distancia de seguridad, sin usar parques ni zonas comunes… Tal vez ni siquiera se ha tomado en consideración esa posibilidad.
P. ¿Por qué?
R.
Estamos acostumbrados a esperar que los niños sean invisibles, que no
molesten, no hagan ruido y no alteren el mundo “normal”, que entendemos
que es el de los adultos. La crisis del coronavirus
es una especie de paraíso adultocéntrico. Los niños han desaparecido
completamente de la vista pública, por fin son asunto exclusivamente
privado de sus padres.
Y luego está esa especie de rencor social:
como a los niños les afecta menos gravemente el coronavirus, no sólo
están invisibilizados, sino que se les ve como minibombas biológicas.
Parece como si todo el mundo hubiera hecho un curso de epidemiología a
distancia para explicarte que tus hijos son “supercontagiadores
asintomáticos”. Cuando, en realidad, cualquier persona puede ser un
contagiador asintomático durante el periodo de incubación de la
enfermedad, también la gente que va a trabajar en metro por la mañana.
El
confinamiento tiene un fortísimo sesgo de clase. No es para nada lo
mismo vivir el encierro en una casa amplia que en diminutos pisos
interiores
Insisto en que hay que respetar las decisiones
de los médicos. Pero en otros países como Francia, Bélgica, Suiza o
Austria han optado por otras regulaciones más atentas a la infancia.
Tal vez esos países pequen de imprudentes pero echo de menos al menos
una explicación. Hay que tener en cuenta que el confinamiento tiene un
fortísimo sesgo de clase. No es para nada lo mismo vivir el encierro en
una casa amplia, luminosa, con terraza o incluso jardín que en diminutos
pisos interiores sin luz natural.
P. Respecto a las tareas escolares durante el confinamiento. ¿Hay un problema de ‘deberitis’ en las casas?
R.
El cierre de todos los centros educativos nos ha pillado con el paso
cambiado a todos los profesores. Es una situación complicadísima y sin
precedentes en la que mucha gente está haciendo grandes esfuerzos por
encontrar soluciones razonables. Las situaciones educativas son muy
distintas entre sí. No tiene nada que ver tratar con estudiantes de 16 o
17 años, que son mucho más autónomos que con niños pequeños, de 7 u 8.
No tienen nada que ver tampoco las asignaturas en las que las prácticas
tienen mucho peso con otras más teóricas. En cualquier caso, todos los
docentes, pero especialmente los de primaria y secundaria, tenemos que
ser conscientes de la tensión que supone esta situación para las familias, tanto para los niños como para los adultos.
Si
muchos tienen dificultades para ayudar a sus hijos, cuando las tareas
se multiplican y además están en inglés la cosa se vuelve surrealista.
Hay
colegios y profesores que, como decía, están haciendo una labor
increíble en ese sentido, a menudo con pocos medios materiales, a base
de sacrificio personal. En otros casos… no tanto. Algunos colegios piden
a los padres que teletrabajen
mientras supervisan que sus hijos realizan tareas complejas que
requieren un alto grado de conectividad con los típicos problemas
técnicos sobrevenidos y todo ello completamente encerrados en sus casas.
Conozco personalmente varios casos de madres solas con situaciones
laborales y sociales complicadísimas que me han dicho que lo que peor
están llevando de esta crisis no es la incertidumbre económica o el
miedo a la enfermedad sino el estrés de ser incapaces de ayudar a sus
hijos con la avalancha de tareas que les llegan desde el colegio.
P. ¿El bilingüismo ayuda?
El programa bilingüe de la Comunidad de Madrid
lo agrava todo mucho. Si muchas familias tienen dificultades para
ayudar a sus hijos normalmente, cuando las tareas se multiplican y
además están en inglés la cosa se vuelve surrealista. Hay madres y
padres que sencillamente no entienden qué es lo que tienen que hacer sus
hijos en Science.
P. Dice que el confinamiento ha agravado la desigualdad educativa. ¿Cómo?
R.
Un hecho bien conocido en sociología de la educación es que los deberes
aumentan la desigualdad. Los deberes benefician a los estudiantes con
la capacidad para estudiar autónomamente y deja completamente
descolgados a los que más ayuda necesitan.
El papel de las familias es
crucial, en ese sentido. Aquellos estudiantes cuyos padres tienen
conocimientos y tiempo para ayudarles tienen una ventaja enorme. El confinamiento ha hecho que la educación consista sólo en deberes.
Así que creo que no es muy aventurado suponer que en este periodo las
desigualdades se agravarán. Habrá niños que avanzarán más que si
hubieran ido a clase. Y otros se habrán quedado mucho más descolgados de
lo que ya estaban.
P. ¿Por qué no le gusta el plan Telepizza de Ayuso para los niños con beca de comedor? ¿No es eso mejor que nada?
R.
Rebuscar en un basurero también es mejor que nada, creo que esa no es
la cuestión. El hecho es que existía una alternativa facilísima: dar el
dinero que se va a entregar a Telepizza y Rodilla a las familias que necesitan esa ayuda para que compren la comida que les parezca.
Ayuso y los suyos creen que los pobres gastan mal el dinero y que es mejor financiar a papá Telepizza para que los alimente.
Es
realmente la solución más rápida y fácil y la que se ha elegido en
otras comunidades autónomas. También es la que les gusta a los liberales
cuando les beneficia a ellos. El único motivo para no optar por esa vía
es el puro clasismo. Ayuso y los suyos creen que los pobres gastan mal el dinero y que es mejor financiar a papá Telepizza para que los alimente.
P. ¿Se ha necesitado una pandemia para entender la importancia de la sanidad pública?
R. Con la sanidad y otros servicios públicos, como las residencias para mayores,
ha pasado lo mismo que con la educación. El confinamiento hace que
veamos concentrado en un periodo de tiempo muy rápido procesos que
normalmente podemos ignorar porque se dan a cámara lenta. El 31 de enero
de 2019 una plataforma en defensa de la sanidad pública madrileña
presentó un escrito en el que denunciaba la pérdida de más de tres mil
camas en los últimos seis años. Explicaban, por ejemplo, que los
operadores del 061, que atienden llamadas de urgencias sanitaria, esos
que ahora están desbordados, tienen un convenio de telemarketing.
Hasta
hace quince días esa degradación de la sanidad pública o la educación
nos preocupaban pero las tolerábamos porque eran dinámicas que nos
afectaban esporádicamente. De repente esas camas que han desaparecido,
las corruptelas en la privatización de servicios sanitarios,
la precarización del personal sanitario… Todo eso se ha vuelto cuestión
de vida o muerte. En realidad, ya lo era. Miles de personas llevan años
padeciendo en su cuerpo las consecuencias de ese desastre. Simplemente
ahora nos afectan a todos a la vez.
*César Rendueles -ensayista, filósofo y profesor de sociología en la UCM- lleva días reflexionando en Twitter sobre el difícil equilibrio entre crianza, cuidados, tareas escolares, alimentación y niños encerrados. Rendueles, autor de libros como ‘Sociofobia’.
¿Y que ahora mismo están todos encerrados en sus casas sin poder salir y
con un montón de deberes?.
No, no es que el Estado les haya castigado a
todos por mal comportamiento.
O sí. Son la población invisible del confinamiento por coronavirus.
PREGUNTA.
Critica que los estamentos oficiales no han tenido en cuenta las
necesidades de los niños en esta crisis. ¿Deberían poder salir?
RESPUESTA.
Me gustaría comenzar aclarando que en ningún caso deberíamos incumplir
las instrucciones que han dado las autoridades sanitarias. Nadie que no
cumpla las excepciones establecidas por la ley debería salir de casa.
Dicho esto, sí creo que podemos plantear preguntas sobre algunas
decisiones, sobre todo cuando afectan al bienestar de colectivos vulnerables. En concreto creo que es llamativo el enfoque tan adultocéntrico que
está teniendo esta crisis. En ningún momento se ha tenido en cuenta las
necesidades de la infancia, una población que normalmente es objeto de
una especial protección.
La primera ministra noruega dedicó una rueda de prensa de media hora exclusivamente a los niños.
En la comparecencia de Pedro Sánchez de la semana pasada mencionó
varias veces a las mascotas y sus necesidades y ninguna a los niños.
Desde el primer momento se autorizó a los dueños de perros a sacar a
pasear a sus animales. Lo cual me parece muy bien, por supuesto. Pero lo
cierto es que los dueños de los perros también contagian y estamos
hablando de muchísima gente. En España hay 13 millones de mascotas
registradas, más que niños menores de 15 años. Simplemente se confía en
que esas personas actuarán con responsabilidad y no abusarán de ese
privilegio.
Es llamativo el enfoque tan adultocéntrico que está teniendo esta crisis. En
el caso de las madres y padres de niños no se ha tenido esa confianza.
No se ha permitido, por ejemplo, que los niños salgan a pasear
diariamente unos minutos con todas las medidas de seguridad que sean
necesarias: de uno en uno, acompañados de cerca por un adulto, en cierta
franja horaria, respetando la distancia de seguridad, sin usar parques ni zonas comunes… Tal vez ni siquiera se ha tomado en consideración esa posibilidad.
P. ¿Por qué?
R.
Estamos acostumbrados a esperar que los niños sean invisibles, que no
molesten, no hagan ruido y no alteren el mundo “normal”, que entendemos
que es el de los adultos. La crisis del coronavirus
es una especie de paraíso adultocéntrico. Los niños han desaparecido
completamente de la vista pública, por fin son asunto exclusivamente
privado de sus padres.
Y luego está esa especie de rencor social:
como a los niños les afecta menos gravemente el coronavirus, no sólo
están invisibilizados, sino que se les ve como minibombas biológicas.
Parece como si todo el mundo hubiera hecho un curso de epidemiología a
distancia para explicarte que tus hijos son “supercontagiadores
asintomáticos”. Cuando, en realidad, cualquier persona puede ser un
contagiador asintomático durante el periodo de incubación de la
enfermedad, también la gente que va a trabajar en metro por la mañana.
El
confinamiento tiene un fortísimo sesgo de clase. No es para nada lo
mismo vivir el encierro en una casa amplia que en diminutos pisos
interiores
Insisto en que hay que respetar las decisiones
de los médicos. Pero en otros países como Francia, Bélgica, Suiza o
Austria han optado por otras regulaciones más atentas a la infancia.
Tal vez esos países pequen de imprudentes pero echo de menos al menos
una explicación. Hay que tener en cuenta que el confinamiento tiene un
fortísimo sesgo de clase. No es para nada lo mismo vivir el encierro en
una casa amplia, luminosa, con terraza o incluso jardín que en diminutos
pisos interiores sin luz natural.
P. Respecto a las tareas escolares durante el confinamiento. ¿Hay un problema de ‘deberitis’ en las casas?
R.
El cierre de todos los centros educativos nos ha pillado con el paso
cambiado a todos los profesores. Es una situación complicadísima y sin
precedentes en la que mucha gente está haciendo grandes esfuerzos por
encontrar soluciones razonables. Las situaciones educativas son muy
distintas entre sí. No tiene nada que ver tratar con estudiantes de 16 o
17 años, que son mucho más autónomos que con niños pequeños, de 7 u 8.
No tienen nada que ver tampoco las asignaturas en las que las prácticas
tienen mucho peso con otras más teóricas. En cualquier caso, todos los
docentes, pero especialmente los de primaria y secundaria, tenemos que
ser conscientes de la tensión que supone esta situación para las familias, tanto para los niños como para los adultos.
Si
muchos tienen dificultades para ayudar a sus hijos, cuando las tareas
se multiplican y además están en inglés la cosa se vuelve surrealista.
Hay
colegios y profesores que, como decía, están haciendo una labor
increíble en ese sentido, a menudo con pocos medios materiales, a base
de sacrificio personal. En otros casos… no tanto. Algunos colegios piden
a los padres que teletrabajen
mientras supervisan que sus hijos realizan tareas complejas que
requieren un alto grado de conectividad con los típicos problemas
técnicos sobrevenidos y todo ello completamente encerrados en sus casas.
Conozco personalmente varios casos de madres solas con situaciones
laborales y sociales complicadísimas que me han dicho que lo que peor
están llevando de esta crisis no es la incertidumbre económica o el
miedo a la enfermedad sino el estrés de ser incapaces de ayudar a sus
hijos con la avalancha de tareas que les llegan desde el colegio.
P. ¿El bilingüismo ayuda?
El programa bilingüe de la Comunidad de Madrid
lo agrava todo mucho. Si muchas familias tienen dificultades para
ayudar a sus hijos normalmente, cuando las tareas se multiplican y
además están en inglés la cosa se vuelve surrealista. Hay madres y
padres que sencillamente no entienden qué es lo que tienen que hacer sus
hijos en Science.
P. Dice que el confinamiento ha agravado la desigualdad educativa. ¿Cómo?
R.
Un hecho bien conocido en sociología de la educación es que los deberes
aumentan la desigualdad. Los deberes benefician a los estudiantes con
la capacidad para estudiar autónomamente y deja completamente
descolgados a los que más ayuda necesitan.
El papel de las familias es
crucial, en ese sentido. Aquellos estudiantes cuyos padres tienen
conocimientos y tiempo para ayudarles tienen una ventaja enorme. El confinamiento ha hecho que la educación consista sólo en deberes.
Así que creo que no es muy aventurado suponer que en este periodo las
desigualdades se agravarán. Habrá niños que avanzarán más que si
hubieran ido a clase. Y otros se habrán quedado mucho más descolgados de
lo que ya estaban.
P. ¿Por qué no le gusta el plan Telepizza de Ayuso para los niños con beca de comedor? ¿No es eso mejor que nada?
R.
Rebuscar en un basurero también es mejor que nada, creo que esa no es
la cuestión. El hecho es que existía una alternativa facilísima: dar el
dinero que se va a entregar a Telepizza y Rodilla a las familias que necesitan esa ayuda para que compren la comida que les parezca.
Ayuso y los suyos creen que los pobres gastan mal el dinero y que es mejor financiar a papá Telepizza para que los alimente.
Es
realmente la solución más rápida y fácil y la que se ha elegido en
otras comunidades autónomas. También es la que les gusta a los liberales
cuando les beneficia a ellos. El único motivo para no optar por esa vía
es el puro clasismo. Ayuso y los suyos creen que los pobres gastan mal el dinero y que es mejor financiar a papá Telepizza para que los alimente.
P. ¿Se ha necesitado una pandemia para entender la importancia de la sanidad pública?
R. Con la sanidad y otros servicios públicos, como las residencias para mayores,
ha pasado lo mismo que con la educación. El confinamiento hace que
veamos concentrado en un periodo de tiempo muy rápido procesos que
normalmente podemos ignorar porque se dan a cámara lenta. El 31 de enero
de 2019 una plataforma en defensa de la sanidad pública madrileña
presentó un escrito en el que denunciaba la pérdida de más de tres mil
camas en los últimos seis años. Explicaban, por ejemplo, que los
operadores del 061, que atienden llamadas de urgencias sanitaria, esos
que ahora están desbordados, tienen un convenio de telemarketing.
Hasta
hace quince días esa degradación de la sanidad pública o la educación
nos preocupaban pero las tolerábamos porque eran dinámicas que nos
afectaban esporádicamente. De repente esas camas que han desaparecido,
las corruptelas en la privatización de servicios sanitarios,
la precarización del personal sanitario… Todo eso se ha vuelto cuestión
de vida o muerte. En realidad, ya lo era. Miles de personas llevan años
padeciendo en su cuerpo las consecuencias de ese desastre. Simplemente
ahora nos afectan a todos a la vez.
*César Rendueles -ensayista, filósofo y profesor de sociología en la UCM- lleva días reflexionando en Twitter sobre el difícil equilibrio entre crianza, cuidados, tareas escolares, alimentación y niños encerrados. Rendueles, autor de libros como ‘Sociofobia’.
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