Ha recibido «algunas críticas muy malas por ser un hombre con bata de cola», dice Javier.
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| Javier Valero, en su camerino. Paco Puentes (EL PAÍS) |
Todo comenzó cuando a Javier Valero (Jaén, 2005) le dio «un volunto«, según explica él mismo a Verne,
y comenzó a bailar delante de su familia con la sintonía del
telediario. Tenía entonces cuatro años y fue su forma de protestar para
que sus padres lo inscribieran en una academia de baile. Una década
después de aquello, este joven de 14 años se ha revelado como una
promesa de la danza flamenca en Tierra de Talento, un talent show
de Canal Sur presentado por Manu Sánchez, donde el 8 de noviembre
protagonizó una actuación que ha captado bastante atención en redes
sociales. El vídeo de la cuenta de Twitter de Tierra de Talento
lleva miles de reacciones, también fuera de Andalucía, donde se emite
el programa. Javier Valero interpretaba unas alegrías de Cádiz con una
bata de cola y un mantón.
Sin haber llegado siquiera a la mayoría de edad, las prendas
femeninas por antonomasia del baile flamenco han sido adoptadas por
Valero como parte de su identidad artística: «No soy una mujer con una
bata de cola, sino que la uso de una manera masculina», asegura el
joven, con más madurez de la habitual en un adolescente de secundaria.
Valero atiende a Verne a las puertas de la grabación de la
segunda fase del programa. Recién llegado de Jaén a Sevilla, se abraza
con el equipo y recuerda los ecos de la actuación que le valió para
ganar aquel programa, en el que puso en pie a un jurado compuesto por el
barítono malagueño Carlos Álvarez, la cantante Pasión Vega, el cantaor
José Mercé y el violinista Jesús Reina. Para ellos, Valero resume el
ejemplo de excelencia artística, diversidad y superación de los
estereotipos que quiere potenciar este programa.
Pero volvamos a los orígenes. Este joven de formación autodidacta
-«sé bailar así a fuerza de caerme y levantarme», asegura- lo tuvo claro
desde muy temprano. Pidió su primera bata de cola a los seis años,
después de ver uno de los muchos espectáculos del granadino Manuel Liñán
en los que baila con bata de cola. Su último espectáculo, Viva, es un buen ejemplo.
«Me dije: me tengo que poner una bata de cola», asegura. Viajó a
Sevilla y le confeccionaron una a medida para su cuerpo menudo. Entonces
tuvo el valor de convencer a sus padres de que «esto es lo que quería».
«Entiendo que el papel de una madre es proteger a su hijo para que no
sufra, o pensar siempre en que las cosas puedan venir mal dadas. Ella no
lo entendía, pero yo le dije, no te preocupes mamá, mientras me entienda yo…», relata Javier.
Y así, de manera autodidacta, «viendo vídeos sin parar», se ha
especializado en darle vida a unas prendas de tradición femenina -bata
de cola, mantón, abanico…-. No habían visto algo así en las escuelas
de formación privadas por las que se ha paseado en su Jaén natal.
Tampoco por los primeros escenarios locales a los que se ha subido,
donde, reconoce, se ha llevado «algunas críticas muy malas, pero por ser
un hombre con bata de cola, nunca por no saber bailar», protesta.
Javier Valero supera prejuicios a base de tesón y escudado en una
seguridad personal que desarma, por eso no tuvo duda en presentarse a
las pruebas de selección para Tierra de Talento enfundado en su
bata de cola: «El flamenco, como todo arte, debe innovar, hay que darle
otro giro más, siempre se le puede forzar una nueva vuelta de tuerca
para no parecerte a lo que ya se ha hecho hasta ahora», explica.
Entre sus referentes se encuentran Eva la Yerbabuena y La Moneta, dos
generaciones de bailaoras que, precisamente, han sabido poner la bata
de cola en un lugar destacadísimo de la danza flamenca. También ha
habido experiencias aisladas de grandes bailaores que se han atrevido a
transgredir la tradición, como Joaquín Cortés, Antonio Canales o el
propio Liñán, ídolo de Valero. «Lo admiro profundamente», asegura. Tanto
es así que se atrevió a contactarlo a través de su página de Facebook y
Liñán recibió a la familia Valero hace escasamente un año en uno de los
ensayos del espectáculo en los Teatros del Canal de Madrid. «Desde
entonces el contacto es continuo», asegura Javier.
Toda esta pequeña gran experiencia fue la que volcó el joven jienense
sobre el escenario en una actuación muy difundida en redes sociales y
que convirtió su realidad «en un caos maravilloso». Tierra de Talento afronta su primera temporada en Canal Sur. Sustituye al icónico espacio Menuda noche,
de Juan y Medio con una apuesta por abandonar los tópicos y mostrar la
formación artística andaluza, en una franja horaria importante: el
viernes por la noche. «El programa se emite bastante tarde, así que no
fui consciente hasta el sábado por la mañana. Fue apoteósico, había
gente llamando al portero automático de mi portal, visitando a mi madre
en la zapatería que regenta para preguntarle por mí… Tuvimos que abrir
las puertas de la casa para agradecer tanto cariño», recuerda.
A partir de ahora, tiene claro que su futuro pasa por «tirar para
Madrid cuando cumpla 18 años». El premio del programa consta de una beca
de formación valorada en 10.000 euros, que Javier fantasea con invertir
en «bailar con los mejores», aunque tampoco quiere perder de vista la
educación reglada. «Mi hermana estudia Derecho y Criminología en Madrid,
en mi casa se ha fomentado mucho la educación y yo estoy interesado en
estudiar Psicología. De momento esto es un hobby, pero hasta que deje de serlo», mantiene con la voz firme.

