¿Y qué piensan los jóvenes de todo eso que se dice y escribe de ellos, para ellos?.


En junio de 2015 lancé una convocatoria para conformar un Consejo Editorial Juvenil de Linternas y bosques.
Me parecía necesario abrir un espacio para discutir los temas que
abordaba en el blog, revisar qué les interesaba realmente leer a ellos,
consultarlos como expertos, reflexionar alrededor del fenómeno editorial
conocido como “literatura juvenil”…

Empezamos con el grupo de Facebook y
en marzo de 2016 arrancamos las sesiones presenciales: último sábado de
mes en el séptimo piso de la Biblioteca Vasconcelos; casi cuatro horas
para hablar de quiénes éramos como lectores y qué hacíamos ahí. Fue así
que surgió la idea de hacer un manifiesto. Y con él, la urgencia de un
espacio propio más allá de mi blog y de sus participaciones en él. 

Y en ese momento estamos: configurando
la que será su propia plataforma y organizando un año en el que
aumentarán las sesiones presenciales y los objetivos, acompañados
principalmente por Áurea Xaydé Esquivel Flores, quien ha sido cómplice y también guía de todo este proyecto.

El Manifiesto que leerán a continuación fue escrito, luego de un largo proceso de discusión y consenso, por Alejandro Flores Ramírez,
miembro del Consejo y estudiante de 19 años de edad de la Licenciatura
en Letras Hispánicas de la UNAM. Los memes literarios fueron creados por
Áurea y el diseño del resumen del manifiesto es de Frann Peraza, también parte del grupo.



El resto de los integrantes del Consejo
Editorial Juvenil / Círculo de jóvenes lectores de la Biblioteca
Vasconcelos que participaron en la conformación de este manifiesto son: Michelle
Fonseca, Axel Uriel González Perez, Fabián Hernández, Janeth Silva
Cruz, Uriel Torales Rivera, Rafael Sebastián Romero, Catherine Nieto y
Yetlanetzi Rico Santiago.

Y en otros momentos: Kelly Aguirre, Neemekh Mudvari, Gris Reyes, Jesús Demetrio Ramírez, Carla Cristina Márquez y Fernanda Lugo. Para el seguimiento de las discusiones y ejercicios de crítica y lectura en el grupo de Facebook también nos ha apoyado Paulina Domínguez. Finalmente, este proyecto se enmarca en las actividades de “Espacio LIJ” de la Biblioteca Vasconcelos coordinado por Carola Diez y cuyo lema es: Libros reales, lectores reales.

Este manifiesto no es estático, se mantendrá dinámico, ajustándose igual que sus integrantes y sus prácticas lectoras.

Manifiesto “Soy joven, soy lector”

por Alejandro Flores Ramírez

Fuente 





(En representación del Consejo
Editorial Juvenil del blog Linternas y bosques / Círculo de jóvenes
lectores de la Biblioteca Vasconcelos de la Ciudad de México.)

Todos los cambios, incluso los más
pequeños, son manifestaciones de movimiento que tienen siempre su
semilla en lo estático, en convenciones que se ha decidido cuestionar.
El diálogo abierto y tolerante sobre lo que se considera “normal“ trae
consigo tesoros de un valor difícil de calcular: distintas perspectivas
desde las cuales observamos, conocemos y meditamos el mundo que nos
rodea y del que formamos parte; así como la posibilidad de repensarnos y
repensar a los demás.



Escribimos estas líneas a partir de las conversaciones que hemos sostenido a lo largo de un año en el Círculo
de jóvenes lectores de la Bibioteca Vasconcelos de la Ciudad de México /
Consejo Editorial Juvenil del blog Linternas y bosques.
Somos
un grupo de jóvenes, de entre 15 y 33 años, que se reúne en la
Biblioteca Vasconcelos por un interés común: los libros. Consideramos
indispensable la reflexión en torno a la literatura desde un lugar cuya
única condición es la de ser joven y ser lector.



Son frecuentes las tajantes divisiones
que han dado lugar a lo que se conoce hoy como Literatura Infantil y
Juvenil (LIJ)
, tres etiquetas cargadas de prejuicios más vinculados con
el mercado, la manera en que se ve a los menores desde una perspectiva
adulta y la dificultad de definir y caracterizar uno u otro grupo, que
con los niños, los jóvenes y la literatura en sí.




En todo caso, no nos interesa imponer o
regular nada, sólo considerar esos prejuicios y ponerlos en crisis. 



Por
eso, afirmamos que:



1)
Los jóvenes sí leemos y no nos
conformamos con veinte minutos al día. Interactuamos con las obras que
tenemos entre manos, establecemos un diálogo, nos involucramos, nos
emocionamos, nos decepcionamos y preguntamos



2)
No nos limitamos a las novelas ni al libro: poesía, ensayo, cuento, crónica, cómic; cine, anime, fotografía, manga, videojuegos… forman parte de los textos que tanto disfrutamos u odiamos.



3)
En lo que se refiere a los libros —sí
prestamos atención a lo que hoy en día se considera “literatura
juvenil”—, mientras más leemos y nos enteramos de nuevas lecturas, más
nos damos cuenta de los estrechos límites con que se pretende escribir
para nosotros; se crean modelos que se convierten en lo que el resto del
mundo cree que realmente (o únicamente) nos interesa. Muchos best-sellers
juveniles son el más claro ejemplo de ello: romances fallidos, héroes
unidimensionales, triángulos amorosos, distopías domesticadas… todos son
elementos de fórmulas repetitivas, a la segura, argumentos que
funcionan y podemos disfrutar en determinado momento, pero que, en su
reiteración, cansan, provocan una necesidad de algo distinto, de otro
acercamiento a lo que significa “juventud”. ¿Acaso nuestra complejidad
cabe en tan escasos temas?




4)
El libro impreso ha dejado de ser el único
soporte para leer un texto literario y, por lo tanto, consideramos
otras opciones —que plantean un acercamiento distinto a la obra— igual
de válidas que la tradicional. Nosotros nos sentimos cómodos hojeando
libros impresos y escroleando libros digitales y appbooks.




5)
No podemos negar el peso de las redes
sociales en nuestra manera de relacionarnos con los textos escritos;
abrazamos el hecho de que internet supone cambios en nuestros hábitos de
lectura y escritura así como en la promoción y producción de las obras,
pero condenamos la cultura de lo inmediato y lo irresponsable, entre
cuyas prácticas están el plagio, los resúmenes facilones y las frases
mal atribuidas o anónimas.




6)
También nos preocupan los booktubers,
un grupo de personas, sobre todo jóvenes, que realizan videos de amplia
distribución en los cuales comparten reseñas y opiniones de los libros
que han leído. Vemos que el fenómeno ha tenido un enorme éxito: miles de
lectores y no-lectores siguen sus recomendaciones e incluso han
comenzado a leer y han ayudado a formar un público impresionante. Que
quede claro: no criticamos su modo de proceder ni pretendemos
generalizar con nuestras opiniones —de hecho, defendemos internet como
medio alternativo de acercamiento a la lectura y sabemos que hay quienes
realizan trabajos de reseña admirables—, lo que no aceptamos es la
homogeneidad que expresa la mayoría en sus puntos de vista, en sus
sugerencias de lectura y en sus mismos modos de observación: promueven
una idea errónea y uniforme sobre nuestra relación con la literatura.
Más aún, reprobamos casos en los cuales ellos han publicado libros
“juveniles” que no estaban completos o no fueron revisados con cuidado,
como si nosotros no mereciéramos obras de calidad (tanto en la forma
como en el contenido) sino simplemente un nombre famoso detrás del
título. Este no es un problema único derivado del movimiento booktuber;
forma parte de una industria editorial mercantilista, donde los libros
son meros productos, sin el más mínimo interés por lo escrito. Exigimos
mayor responsabilidad de parte de esta industria y exhortamos a toda
persona interesada en lo aquí expuesto a preguntarse al respecto: ¿Somos
lo que nos venden?, ¿debemos conformarnos con ello?


7)
Somos jóvenes lectores en contra de la
hegemonía de lo inmediato, a favor de la diversidad y la desaparición de
estereotipos que no nos corresponden de ningún modo. Nuestro hasta
ahora llamado Consejo Editorial Juvenil de Linternas y bosques toma en
este momento el nombre de “Guardabosques”. Dentro del bosque que
habitamos, el de los libros como árboles y la vida como fértil tierra de
cultivo, orientaremos a quien lo pida y aprenderemos de quien nos
muestre semillas desconocidas o discretos troncos que quizá habíamos
ignorado. Defenderemos nuestro patrimonio de los incendios que originan
las opiniones vacías y los prejuicios. Mientras lo cuidemos, el bosque
crecerá y, por ello, siempre necesitaremos nuevos guardabosques con
quienes alimentar las raíces de la vida literaria mediante la
participación, la reflexión y la discusión colectivas.

8)
También los jóvenes tenemos mucho que decir.

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