Hoy recordamos a las niñas y niños de Auschwitz, 
a 70 años de su liberación por el Ejército Soviético



Historia de los niños y niñas del holocausto

Fuente 

Cuando llegó el Ejercito Ruso, cerca del mediodía del 27 de Enero de 1945, pudieron liberar a tan solo unos 650 niñ@s; muchos de los cuales ni siquiera sabían su nombre.


Los nazis asesinaron un millón y medio de niñ@s: niños judíos y niños de etnia gitana, españoles, niños alemanes con discapacidades físicas o psíquicas, niños polacos y niños de las zonas ocupadas de la antigua Unión Soviética.
Lo mejor que les podía pasar era que al ingresar a Auschwitz tuvieran más de 12 años, ya que pasaban a ser trabajadores esclavos. 
Los de menor edad, tenían un destino seguro y rápido: las cámaras de gas.

El destino de los niños judíos o no, se puede clasificar en las siguientes categorías:
.- Niños asesinados a su llegada a los campos de exterminio.
.- Niños asesinados inmediatamente después de nacer o en diversas instituciones.
.- Niños nacidos en guetos o campos de concentración que sobrevivieron gracias a que los prisioneros los escondían-
.- Niños, normalmente de más de 12 años, que eran empleados como mano de obra o sometidos a experimentos médicos.
.- Niños asesinados durante las operaciones militares con el fin de tomar represalias contra los rebeldes o contrarios al régimen.

A partir de
1942, los niños procedentes de todas las zonas
ocupadas fueron deportados a Auschwitz. En general los
niños pequeños eran asesinados inmediatamente
por ser demasiado pequeños para trabajar. Si durante
la selección, una madre llevaba a su hijo en brazos,
los dos eran enviados a la cámara de gas, porque en
estos casos se calificaba a la madre de no capacitada para
trabajar. Si era la abuela la que llevaba al niño,
era ella la asesinada junto al niño.



La madre – en caso de ser considerada
capacitada para trabajar – era ingresada en el campo.
Sólo en el campo
de los gitanos
y en el
campo
de familias de Theresienstadt
, a
las familias les estaba permitido permanecer
juntas.
Aquellos
niños (varones), a los que las SS perdonaban la vida, se
convertían primero en aprendices de albañil en la
construcción de los crematorios en Birkenau. Ya que la
alimentación no era suficiente para realizar estos trabajos
tan duros, sufrían de desnutrición. En 1943, concluidos
los trabajos en Birkenau, los muchachos de la «escuela de
albañilería» fueron trasladados a Auschwitz I donde
fueron asesinados, junto a otros niños, inyectándoles
fenol.

Algunos niños
se encontraban de contínuo en el campo, en los bloques y en
los comandos de trabajo, donde tenían que ejercer de peones.
Algunos kapos alemanes abusaban de los muchachos para satisfacer sus
instintos más perversos, agravados por su larga estancia en el
campo.

En el campo estaba
prohibido beber agua, puesto que estaba contaminada. Sin embargo los
niños la bebían debido a la escasez de agua potable.
Sus pequeños cuerpos débiles y demacrados estaban
expuestos sin protección alguna a todas las enfermedades del
campo. Muy a menudo, como consecuencia de la destrucción total
del cuerpo por el hambre, ni siquiera se podía comprobar de
qué enfermedad habían muerto.
La médica de
los presos, Lucie Adelsberger, describe la vida de los niños
de la siguiente manera:
  • «En realidad, el bloque de los niños en el
    campo de los gitanos era muy parecido a los bloques de
    los adultos. Sin embargo, la miseria de esos
    pequeños seres inocentes nos partía – si
    cabe más aún – el alma.
    Los niños, al igual que los adultos, estaban
    en los huesos, sin músculos y sin grasa, y la piel
    fina y de pergamento, se desollaba en todas partes sobre
    los huesos duros del esqueleto, inflamándose y
    convirtiéndose en heridas ulcerosas. La sarna
    cubría por completo los cuerpos desnutridos
    extrayéndoles toda su energía. Las bocas
    estaban carcomidas por profundas úlceras de noma,
    que ahuecaban las mandíbulas y perforaban las
    mejillas como un cáncer. En muchos casos y debido
    al hambre, el organismo, que se iba descomponiendo, se
    llenaba de agua.

    Se hinchaban hasta convertirse en una masa deforme, que no
    podía ni moverse. La diarrea, sufrida durante semanas,
    corrompía sus cuerpos indefensos, hasta que al final,
    debido a la pérdida contínua de sustancia, no
    quedaba nada de ellos.» (Fuente: Langbein, Hermann: Menschen in
    Auschwitz.)


La
situación era especialmente grave para las mujeres
embarazadas. Al principio eran enviadas directamente a las
cámaras de gas. Sin embargo también
había partos clandestinos en el campo. En la
mayoría de los casos las mujeres morían de
septicemia. En cualquier caso, el recién nacido no
tenía casi ninguna posibilidad de sobrevivir. Los
médicos de las SS y sus ayudantes arrebataban el
niño a la madre y lo asesinaban.
A partir de
principios de 1943, a las mujeres embarazadas, registradas en el
campo, se les permitía dar a luz. Sin embargo, los
recién nacidos eran ahogados en un cubo lleno de agua por las
ayudantes de las SS.
En el transcurso del
año 1943, los recién nacidos de «desdendencia aria» ya
no eran asesinados sino registrados en el registro del campo. Al
igual que a los adultos les era tatuado un número. Puesto que
su antebrazo izquierdo era demasiado pequeño, el número
les era tatuado en el muslo o en las nalgas.


Debido a
las condiciones de vida en el campo, los recién
nacidos no tenían casi ninguna posibilidad de
sobrevivir. Si un niño lograba sobrevivir las
primeras seis a ocho semanas, la madre tenía que
entregarlo a las SS. Si se negaba, los dos eran enviados a
la cámara de gas.
Algunos
niños, cuando eran rubios y de ojos azules, eran arrebatados a
sus madres por las SS para «germanizarlos», mientras que a los
niños judíos se les seguía tratando con una
increible crueldad y finalmente se les asesinaba.
Las madres
totalmente debilitadas por el hambre, el frío y las
enfermedades, muy a menudo no podían ni siquiera evitar que
las ratas mordieran, royeran o incluso se comieran a sus
hijos.
Para los
recién nacidos no había ni medicamentos, ni
pañales, ni alimentación adicional.

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