Quizá compartas con tus hijos las preocupaciones de los adultos y quieras transmitirles que merece la pena implicarse para intentar resolverlas. O quizá prefieras protegerles para que disfruten de una infancia sin pancartas
EL PAÍS
MARTÍN PIÑOL
Foto: FG TRADE (GETTY IMAGES)
04 SEPT 2026
Cuando pilares básicos de la sociedad salen a las calles para reclamar unas mejoras esenciales, estas no solo equilibrarían su día a día, sino que también repercutirían positivamente en el bienestar de la mayoría. Porque, ¿quién no quiere que le atienda un médico, un profesor o un bibliotecario que disponga de recursos, motivación y tiempo para desempeñar su trabajo con profesionalidad y en mejores condiciones? Y en esas manifestaciones hay niños. A veces es una apuesta consciente de la familia, convencida de que los menores deben aprender desde pequeños a defender aquello en lo que creen. En otras ocasiones, simplemente responde a una cuestión de conciliación: no hay con quién dejarlos. También puede ocurrir que los niños queden bien en la foto para las redes sociales o, sencillamente, que una familia pasara por allí y decidiera sumarse un rato para apoyar una causa que considera justa.
A veces vemos a esos niños concentrados en la protesta, vestidos para la ocasión, con la misma camiseta y la misma pancarta que los adultos. Otras, en cambio, parecen estar en un chiquipark gigantesco lleno de estímulos. Sea como sea, la cuestión es que están ahí y, muchas veces, llaman la atención. Para algunos observadores y paseantes, su presencia llega a suponer un atropello a los derechos del menor; para otros, es su bautismo de fuego en el mundo de las reivindicaciones, con el que, tarde o temprano, acabarán encontrándose de adultos.