LA EDUCACIÓN QUE VENCE A LA POBREZA 
Una agenda de políticas  educativas para el bienestar y el progreso de las personas
Miquel Àngel Alegre, Laura Morató,

Fundación Bofill,
Plataforma de Infancia. 


Acceso al informe, fuente OIAA.

Luchar contra la pobreza infantil
En los últimos años, la preocupación por las distintas caras y manifestaciones de la po­breza y, en particular, por la pobreza infantil ha ido transversalizándose y ganando posiciones en el discurso público y entre los distintos agentes políticos de nuestro país.
Conocemos los costes individuales que acarrean la pobreza y exclusión social de niños, niñas y adolescentes a lo largo de sus trayectorias vitales en términos de reducción signi­ficativa de sus logros educativos y perspectivas laborales, económicas, sociales y de salud.
Y sabemos también los costes económicos y de productividad que a medio y largo plazo genera la pobreza infantil para el conjunto de la sociedad (Cantó y González, 2023). En ge­neral, es cada vez más aceptado que reducir los niveles de pobreza y el riesgo de exclusión de niños, niñas y adolescentes no es tan solo una cuestión de justicia social para con la población infantil, sino también un objetivo a favor del progreso económico, el bienestar y la cohesión social del conjunto del país. 
Podemos atribuir el auge de esta consideración a tres factores concurrentes y asociados. 
En primer lugar, es obligado destacar la acción e incidencia de un buen número de entidades sociales y organizaciones preocupadas y ocupadas en la lucha contra la pobreza infantil.
En segundo lugar, siguen imponiéndose una realidad y unos datos alarmantes con respecto a los niveles de pobreza infantil. En concreto, En concreto, España es el tercer país de Europa con la tasa más elevada de menores en riesgo de pobreza y/o exclusión social (32,2 %, año 2022). Esta tasa, que en 2023 es del 34,5 %, se sitúa ocho puntos por encima de la correspondiente al conjunto de la población española (26,5 %) y apenas ha experimentado cambios desde 2015.
Todo esto recoge la variabilidad de grados de pobreza y exclusión social infantil apreciable entre las distintas comunidades autóno­mas, con tasas que van desde el 19 % (País Vasco) a cifras por encima del 40 % (Andalucía o Canarias)…
 
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