Doménica Nathaly Cevallos Robalino
Investigadora del Grupo  ONE HEALTH, 
Universidad de las Américas (Ecuador),


La exposición prolongada a los desastres naturales o eventos como una pandemia constituyen un choque en la línea de vida de cualquier individuo.
Y no podría ser de otra manera si hace casi dos años, a nivel mundial,
nuestra vida dio un giro total con la aparición de un nuevo coronavirus
llamado SARS-COV-2, que surgió en China, y que dio lugar a una pandemia
sin precedentes, provocando hasta la fecha millones de casos y muertes alrededor de todo el mundo.

Sin embargo, no es la primera vez que ocurre; experiencias pasadas con pandemias
como la peste bubónica, la de influenza y otras igualmente pasaron
factura a toda la población mundial con millones de pérdidas. De estas
pandemias pudimos sacar varias lecciones en términos de salud pública.

Al respecto, por ejemplo, una de las estrategias que demostró
prevenir el pánico y contener el brote fue la provisión de información
oportuna, clara y correcta durante la primera fase de la epidemia. El
hecho es que en la pandemia por covid-19, justamente la provisión de
información adecuada no fue una tarea prioritaria, por lo que se dio
paso a otro enemigo: “el virus de la infodemia”.

Según la Organización Mundial de la Salud, la infodemia es la sobreabundancia de información real y falsa, que aborda varias categorías:

  • Los mitos y rumores, que constituyen la forma de infodemia más
    común siendo declaraciones y discusiones no verificadas, divulgadas a
    toda la población.

  • Las teorías conspirativas, que son explicaciones de varias teorías relacionadas con el origen del virus.

  • Los discursos estigmatizantes, que son fenómenos socialmente
    construidos en los que se etiqueta al individuo por su enfermedad o
    exposición.

  • Los productos pseudocientíficos, que son objetos que no han sido
    comprobados como cura o prevención para la enfermedad pero han sido
    dados a conocer como tales.

La pregunta es: ¿Qué hace al virus de la infodemia tan letal y
poderoso en la actual pandemia? Según la misma OMS, la infodemia mina
las respuestas en salud pública, volcando la atención en intereses de
los grupos que divulgan información errónea acerca del virus; y, además,
vulnerando los derechos de varios grupos, especialmente de los menos
protegidos, como son los niños; y respecto a ellos, surgen estos
cuestionamientos: ¿a qué están siendo expuestos?, ¿deben conocer
realmente la realidad y dimensión de la pandemia?, ¿cómo abordar los
temas de la muerte y la enfermedad con ellos para no generar estrés,
miedo o trauma?

Instauración de la infodemia en la población infantil

El virus de la infodemia en los niños se fue instaurando en una serie
temporal de momentos desde el inicio de la pandemia hasta la
actualidad:

Momento 1. El virus no afecta a los niños: El mito.

En plena primera fase de la pandemia, en enero del 2020, se difundían
los estudios de investigación que describían en ese momento la poca o nula probabilidad en los niños de desarrollar infección grave; sin embargo, en el caso de presentarse, no desarrollaban manifestaciones clínicas, siendo la mayoría, asintomáticos.

En ese contexto de baja incidencia clínica de covid-19 entre la
infancia, se generó socio-estructuralmente el mito de que “covid-19 no
afecta los niños”, lo cual invisibilizó las problemáticas alrededor del
devastador efecto de la pandemia en el desarrollo infantil: el cierre de
escuelas en 107 países, que afectó a más de 860 millones de niños ;
la inseguridad alimentaria; la alteración de las rutinas, de
interacción social y de recreación; la negligencia en el cuidado de los
niños; la violencia; además de la falta de acceso a instituciones de protección y justicia.

Momento 2. Los niños son los supercontagiadores. El estigma.

La evolución en el tiempo en los niños continúa con un aparente “cambio en el comportamiento epidemiológico de la transmisión”, pasando del mito al estigma.
Los niños pasaron de ser invisibles, a ser los “supercontagiadores”
asintomáticos, y muchos de ellos sintieron la discriminación y
señalamiento de su propia familia, instalándose la culpa de contagiar a
sus seres queridos. Era la antesala de la crisis.

Momento 3. La crisis.

La incidencia de trastornos mentales en los niños y adolescentes se
incrementaron exponencialmente durante la pandemia, más aún en
Latinoamérica, que es una de las regiones más afectadas, especialmente
en países como Brasil, Perú y Ecuador. En este último, un estudio
describió que el 38,5% de un grupo de más de 3 000 niños, niñas y
adolescentes, se han sentido angustiados y el 24,5% deprimidos. Las
principales preocupaciones identificadas en los niños son el temor a que
su familia enferme o muera por covid-19 (90,1%); el temor a que se
acaben los recursos para comprar comida (68,8%); el temor a que los
miembros de su familia pierdan su trabajo (44,3%); y el temor a que no
puedan aprobar el año escolar (27,3%).

De esta manera, la infodemia se fue construyendo de forma inadvertida, echando raíces en la población infantil.

vulnerabilidad infantilante Covid.

La comunicación eficaz, la respuesta ante el ataque

La Convención de los Derechos del Niño establece que
todo niño, niña y adolescente tiene derecho a recibir información
adecuada para su edad, y al mismo tiempo, debe ser protegido de
cualquier información que sea perjudicial para su desarrollo.

El virus SARS COV-2 y la infodemia obligaron a los niños al gran reto
de adaptarse a estas nuevas condiciones que se impusieron de forma
brusca y sin aviso, convirtiendo su entorno en un caos.
Por lo tanto, la elaboración de acciones específicas es vital para
consolidar un sistema comunicativo eficaz y justo que permita combatir
la infodemia, incluyendo urgentemente a los niños como grupo primario de
atención. Brindarles acompañamiento emocional y mental para vivir esta
nueva normalidad es tarea de todos, desde la cotidianidad hasta los
entornos escolares y sanitarios, lo cual evitaría una crisis postcovid
que venga con más fuerza contra esta población. ¡Es hora de actuar en
favor de sus derechos!.

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