Cada 20 de noviembre se celebra el Día Universal del Niño y se conmemoran los aniversarios de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos del Niño (1959) y la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (1989), tratados internacionales clave para garantizar y promover derechos universales y derechos específicos de niñas y niños.

A lo largo de
estos días se están llevando a cabo numerosas actividades de
celebración, visibilización e inspiración, muchas protagonizadas por
niñas y niños, que nos mueven a desempeñar cada día un papel fundamental
para alcanzar el bienestar de la infancia.

En Mientras
Creces
queremos que el tema se lleve a los hogares y se viva con
reflexiones y acciones concretas que nos ayuden a transformar(nos), a
garantizar derechos también en la esfera privada y a sumar nuestras
voces a las de niños y niñas que nos recuerdan constantemente que son
ciudadanos hoy, en presente.

¿Qué tal si comenzamos por transformarnos, por cuestionarnos?

Captura de pantalla de un momento de la presentación de Santiago Morales

Hemos pensado que
una manera de contribuir a este objetivo es compartir con vosotras las
reflexiones, análisis y experiencias extraídas en la segunda sesión del Taller de Infancias que organiza la Universidad Carlos III de Madrid y al que asistimos.

Adultocentrismo

Nos guste o no
reconocerlo, vivimos en un sistema adultocéntrico, que va más allá de un
adjetivo que coloca al adulto en el centro de la vida. “El
adultocentrismo es un régimen político (…), un sistema de dominio de
carácter histórico ancestral (…) y su crítica problematiza que los
vínculos intergeneracionales se basen en violencias estructurales (…)”.
Son algunas de las definiciones que dimensionan el alcance y complejidad
del término y que Santiago Morales,
sociólogo de la Universidad de Buenos Aires, compartió el pasado 19 de
noviembre en la sesión “El adultocentrismo y el paradigma del
protagonismo
” junto a Marta Martínez Muñoz, Cofundadora de Enclave de Evaluación y Derechos Humanos.

¿Por qué hablar
de adultocentrismo si lo que queremos hablar es de los derechos de la
infancia? Precisamente porque necesitamos tomar conciencia del lugar y
el sistema de dominio desde el que criamos, acompañamos y educamos a
niños y niñas y comprender cómo eso impacta en sus vidas y en la
garantía de sus derechos. Es más, ¿habéis pensado que para conquistar
derechos, niñas y niños deben hacerlo desde una lógica adulta? Morales
se encarga de que lo tengamos presente.

De la misma
manera que la sociedad, especialmente el feminismo, ha hecho visible el
patriarcado para poder comenzar a derribarlo, se precisa hacer evidente
el adultocentrismo -que no deja de ser “una extensión del patriarcado”-
para dar espacio al protagonismo de niños y niñas.

“No se trata de
defender la niñocracia, ni bregar por la destrucción de la persona
adulta y demonizarla. Tampoco de negar todo tipo de autoridad en el
vínculo intergeneracional”, apremia en aclarar Morales. “Se trata de
rechazar el autoritarismo, se trata de superar las  desigualdades
existentes entre las diferentes “clases de edad”, se trata de desasociar
la autoridad de una determinada edad y de generar vínculos de respeto”,
expone el también educador popular argentino.

Violencias adultistas

Este sistema de
dominación y superioridad moral a todos los niveles por parte de los
adultos sobre la infancia se traduce, en un nivel práctico y doloroso,
en un ejercicio de “violencias adultistas” que normalizamos y que
obviamos. ¿Por ejemplo? Negar que niños y niñas son sujetos de
pensamiento, censurar su participación en la vida social y política,
tolerar el castigo físico y humillante, son algunas de las que menciona
Morales ¿Encontráis más? Quizá este cuadro que presenta el educador
sobre características de la adultez y la niñez de las sociedades
adultocéntricas nos ayude a identificar más violencias y a revisar
cuáles nos atraviesan.

Protagonismo de niñas y niños

Ante el enfoque
de control y protección que siguen perpetuando las visiones
adultocéntricas, Marta Martínez Muñoz, cofundadora de Enclave de
Evaluación y Derechos Humanos, nos hace ver las resistencias que desde
hace más de 40 años ejercen niñas, niños y adolescentes hacia el
protagonismo y la ruptura de visiones clásicas e inequívocas de la
infancia. ¡40 años!

Martinez destaca
la necesidad de equilibrar la agenda de protección y la agenda de
capacitación para avanzar hacia el protagonismo infantil, en el que
“niños y niñas son sujetos que reclaman desempeñar un papel activo en la
sociedad y poder influir significativamente en las decisiones que
afectan a sus vidas”.

¿Qué podemos hacer en casa con todo esto?

La oficina de Santiago de Chile de UNICEF elaboró en 2013 la serie de materiales “Participación Adolescente Ahora”,
formada por cuadernos temáticas. Uno de ellos, el cuarto de la
colección, elaborado por Sergio Rodríguez Tramolao, se centra en cómo superar el adultocentrismo.
Recurrimos a él para compartir desde Mientras Creces algunas
recomendaciones para cambiar nuestras actitudes y prácticas adultistas.

Cuestionemos en casa el “modelo ideal” de ser adultos.  ¿Estás seguro de que ser adultos es el modelo ideal de persona? Los
niños son niños y no son “proyectos de adultos” ni “un adulto pequeño”.
Son niños, niñas y adolescentes, “una forma de ser persona hoy, válida y
respetable (…), una etapa de desarrollo efectivo de la autonomía
personal, social y jurídica” que va permitiendo el ejercicio de la
responsabilidad. Reflexionemos en familia sobre los estereotipos que
tenemos sobre niños, niñas y adolescentes, para frenar nuestras propias
prácticas adultistas.

Identifiquemos nuestros privilegios de adultos frente a la infancia.
Como madres y padres, debemos cuestionar nuestros privilegios, romper
la lógica dominador-dominado, confiar en las capacidades de nuestros
hijos e hijas y acompañarles en su proceso de autonomía y participación.
Es probable que esto cree resistencias, nos deje sin referentes y no
veamos cuestionados por nuestro nuevo rol frente a la infancia. Pero
podemos hacerlo y “podemos construir otra forma de relación basada en el
respeto recíproco de nuestros derechos humanos y nuestra dignidad,
independiente de la edad biológica”.

Eliminemos los típicos mensajes adultistas.
“Cuando seas grande podrás saber/opinar sobre ese tema”; “eres muy
pequeño para entenderlo”, “haz lo que te digo, porque yo lo digo y
punto”. ¿Os suenan? Si no las decís, es probable que os las hayan dicho
de pequeños. Y es que niños y niñas internalizan y hacen suyos estos
mensajes negativos con los que también construyen estereotipos. “El
adultismo es contagioso y se reproduce”. Y si no los superamos, nos
acompañarán toda la vida adulta.

Convirtámonos en adultos aliados:
este modelo supone, según UNICEF “reconocer a niños, niñas y
adolescentes como un verdadero otro y, al mismo tiempo, educar y
co-aprender con ellos y ellas para transmitir el conocimiento de sus
límites sin anular su personalidad; de esta forma podrán crecer de
manera saludable y ejercer sus derechos en forma responsable. Esto nos
lleva a poder asumir nuestros límites como adultos, reconocer que no lo
sabemos todo, asumir que la participación de la infancia no es una
amenaza y a entender que los derechos de la niñez y adolescencia no se
ejercen contra los adultos.

Pongámoslo en práctica.
La agencia Europea del Medicamento acaba de autorizar la primera
inmunización para niños entre 5 y 11 años en la Unión Europea. La
Asociación Española de Pediatría ya ha recomendado su uso y si bien aún
no hay un pronunciamiento del Ministerio de Sanidad, la decisión para
aplicarla está casi tomada. ¿Cómo ejerceréis en casa el rol de adulto
aliado ante este tema que afecta de lleno a niños y niñas?.

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