método de crianza no es permisivo ni sobreprotege a nuestros hijos.
objetivo principal es el respeto en el crecimiento, que crezcan felices.
Recuerdo el día que me dijeron que estaba embarazada por primera vez, una mezcla de ilusión y miedo
se apoderaron de mí. Recuerdo la primera vez que se cruzaron nuestras
miradas y sentí que aquel bebé había llegado para hacerme ser mucho
mejor persona. A medida que mi hijo iba creciendo, me di cuenta de que
la maternidad
es el único oficio del mundo en el que primero te otorgan el título y
luego cursas la carrera. Una carrera de fondo llena de dudas, de errores
y de miles de cosas por aprender.
Primero
aprendes a satisfacer las necesidades básicas de tus hijos como la
higiene, la alimentación, el sueño o la seguridad, pero pronto te das
cuenta de que la profesión de ser papá o mamá va mucho más allá. Nadie nos prepara para saber dar respuesta a las necesidades emocionales de nuestros hijos,
para enseñarles a gestionar la frustración o los miedos, para hacer
frente a las terribles rabietas o acompañar la adolescencia con calma y
templanza. Situaciones a las que nos cuesta dar respuesta y que nos
hacen sentir en muchas ocasiones vulnerables, inseguros o llenar nuestra
educación de recelos. Que nos muestran y enseñan que no existen atajos
ni recetas mágicas para hacer frente a los retos diarios con los que nos
desafía la maternidad o paternidad.
Por suerte un día se
cruzó en mi camino educativo la disciplina positiva. Una teoría basada
en el trabajo realizado por los psicólogos humanistas Rufus Dreikurs y Alfred Adler y desarrollada por Jane Nelsen. Una disciplina que permite educar desde el respeto mutuo y el amor incondicional que
tiene en cuenta las necesidades y capacidades del niño en su momento de
desarrollo, facilitando una buena confianza, autonomía y autoestima. Un
método que favorece el desarrollo emocional y refuerza los vínculos
afectivos entre padres e hijos.
Por diversas razones muchas familias piensan que educar desde esta visión positiva
significa no establecer límites o normas a nuestros hijos dándoles todo
aquello que nos pidan, convirtiéndoles en pequeños tiranos. Que permite
que sea el menor quien decida qué quiere hacer en cada momento y los
padres deben complacer todas las demandas. La disciplina positiva, sin
embargo, no es permisiva ni sobreprotege a nuestros hijos. Tampoco
pretende que se conviertan en niños sumisos y obedientes. Su objetivo
principal es que nuestros hijos crezcan felices, seguros e ilusionados,
sintiendo que pueden contar con nosotros sin condición. Una crianza
respetuosa que va con los ritmos de aprendizajes, les ayuda a
desarrollar sus capacidades y a que sean conscientes de ellas. Además,
enseña valiosas habilidades para la vida como el respeto, la
colaboración, la resolución de problemas y la participación.
¿Cuáles son los principales bulos que acompañan a esta teoría educativa?
- Es simplemente una nueva moda educativa que convierte a nuestros hijos en niños caprichosos, “mal educados” y frágiles. FALSO. La
disciplina positiva educa desde la seguridad y el equilibrio entre la
firmeza y la amabilidad. Estableciendo normas y límites claros y
potenciando el esfuerzo y la responsabilidad. - Como no se utilizan castigos o premios los niños acaban haciendo aquello que les apetece en cada momento. FALSO.
Cuando educamos en positivo no utilizamos recursos educativos que hagan
sentir mal a nuestros hijos. Les ayudamos a desarrollar competencias
que les permitan tomar sus propias decisiones, aceptar el error como
parte fundamental del aprendizaje y convertirse en personas resilientes.
La utilización de consecuencias lógicas y naturales permiten a nuestros
pequeños aprender de forma más efectiva y significativa. - Es un método al que le falta mano dura y mucha disciplina. FALSO.
Es una teoría que elimina del acompañamiento las amenazas, las
represalias, los chantajes o la humillación. Cuando hablamos de
educación en positivo hablamos de amor y respeto, pero también de orden y
disciplina. Se educa en positivo potenciando la autonomía, el
pensamiento crítico y la responsabilidad rechazando la obediencia y el
sometimiento. - Es un método que nunca utiliza “no”. FALSO. La crianza respetuosa huye de abusar y centrar nuestra forma de educar en un no
constante, pero establece límites claros y consensuados. Nuestros hijos
necesitan padres empáticos que escuchen asertivamente, validen
emociones, entiendan las necesidades y ofrezcan opciones. - La disciplina positiva evita a toda costa que el niño se frustre, llore o se sienta triste. FALSO. Es
un método basado en el desarrollo de la inteligencia emocional de
nuestros hijos que pretende enseñar a identificar, poner nombre a los
sentimientos y gestionar y dar respuesta a todas las emociones. Si
nuestros hijos aprenden a conectar con sus emociones, serán mucho más
empáticos, felices y tendrán mayor confianza en sí mismos. - Únicamente pueden aplicar la teoría padres o madres meditativos o contemplativos. FALSO.
Todas las familias pueden educar en positivo. Solo es necesario
formarse, conocer las características propias del método y ser
conscientes que no obtendremos resultados de forma inmediata. Educar en
positivo requiere mucha paciencia, constancia e ilusión. Aprender a
hacerlo ayuda a las familias a acompañar a sus hijos desde el amor y el
cariño con paciencia, sentido común y firmeza. Permite a nuestros
pequeños crecer y desarrollarse de forma positiva, cultivar una buena
autoestima y autoconcepto, desarrollar las competencias necesarias para
hacer frente a los retos que la vida les regala a diario.
Como decía Teresa de Calcuta: “El amor comienza en casa, y no es lo mucho que hacemos… Es cuánto amor ponemos en cada acción”.
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